Aprendizaje itinerante

Este es mi primer post en el itinerario indiano que empiezo con muchísimas ganas. Me gusta pensar en él como una materialización del título que di a mi blog – Wanderjahre -, palabra con la que denominaban en la Europa Central de la Edad Media los años de aprendizaje itinerante que emprendían las personas para ser plenos miembros de sus gremios.

Después de mi primer comida-encuentro con los indianos, escuché esta charla de Elif Shafak. En ella me resonaron dos temas que comentamos durante la comida y que ahora me sirven para presentarme en mi primer post de itinerante.

Cuenta por un lado que, cuando su madre entró en el cuerpo diplomático de Turquía, ella a su vez entró en un colegio internacional. Resulta que justo en Madrid. Lejos de un clima cosmopolita e igualitario, recuerda que cada niño en el colegio era visto, no como una persona, sino como el representante de su país. Como en un pequeño Naciones Unidas. Sólo que cuando en el país en cuestión pasaba algo negativo, el niño que lo representaba era objeto de burla, ridiculizado e intimidado sin fin. Los días que militares tomaron el poder en Turquía, que un soldado de su misma nacionalidad casi mató al papa y que Turquía ganó cero puntos en el concurso de Eurovisión, Elif prefirió ponerse mala y soñar con convertirse en marinero. Entiendo que lo hiciera; recuerdo que de adolescente preferí mandar al cuerno a la prensa de la minoría alemana que – al terminar segunda en un concurso nacional de alemán – me quiso entrevistar como representante de algo de la que no me sentía parte. Pasaron muchos años hasta que comprendí lo mucho que eso tenía que ver, aparte de orgullo adolescente, con comunidad real vs comunidad imaginada y con transnacional vs internacional.

El segundo tema que salió fue el de vivir con varios idiomas. Dije que eso me ayudaba, por un lado, a adaptarme mejor a distintos lugares y personas pero que, por otro lado, me dificultaba al pensar, me hacía más lenta. Manuel se acordó de que había leído que no pensábamos en palabras sino en imágenes y que la conversión de los pensamientos en palabras sucedía después de pensar. Elif Shafak dice que vivir con idiomas adquiridos después de la primera infancia es una frustración perpetua. Las personas así siempre quieren decir más, contar mejores chistes, mejores cosas para, al final, acabar diciendo menos. Porque hay un vacío entre la mente y la lengua y este vacío es intimidante. Peeeero, si conseguimos no asustarnos, ¡resulta estimulante! Otro de los rasgos, pues, que me caracterizan es que vivo estos estados de frustración-estímulo de manera continua, casi todos los días, y mucho más cuando me toca escribir. A lo largo del itinerario indiano todos podrán seguir lo que sale de ahí.

Un abrazo a todos!

Destellos de Barabási en Budapest

En la revista publicitaria de la librería budapestina donde compré el libro del post anterior, leí un artículo sobre el nuevo libro de Albert-László Barabási que se titula Bursts: the hidden pattern behind everything we do. A “bursts” lo tradujeron al húngaro como “destellos” (villanások); en castellano la palabra que mejor transmite el significado original sería, quizás, “arrebatos”.

Tengo todavía pendiente la lectura del primer libro de Barabási, Linked, en el que relata que la primera aparición documentada de la teoría de los seis grados fue literaria, postula que vivimos en un mundo pequeño en que todo está conectado a todo y hace una aportación importante a la teoría de redes sociales. Dediqué hora y media para leer los primeros capítulos de Bursts en la librería antes de comprarlo como regalo para una amiga con la que habíamos comentado hacía unos días la gran cantidad de datos personales digitales que dejamos de nosotros en el día a día. Porque en el libro, Barabási demuestra a partir de estos datos que mucho comportamiento humano ocurre según patrones, en “arrebatos”. En un experimento, en que usó las bases de datos de una compañía de móviles con 10 millones de usuarios en un país europeo, consiguió pronosticar el movimiento de los usuarios al combinar información sobre el lugar donde se encontraban y sus patrones de movimientos “arrebatados”. No sé, no llegé más allá del tercer capítulo, si demuestra que cada vez más comportamiento humano será predecible pero me temo que algo de eso habrá en el libro.

Por cierto, mi amiga, al regalarle el libro, me contó que una amiga suya había conocido a Barabási personalmente en una conferencia en Budapest hacía poco, lo cual me coloca a dos eslabones de él en la cadena de conocidos.

En mi viaje de vuelta conocí a una chica que iba a Sevilla para una entrevista de trabajo en el Instituto de Prospectiva Tecnológica, un centro de futurología de la Comisión Europea que “promueve una mejor comprensión de la relación entre tecnología, economía y sociedad”. Ya en el metro de Madrid me comentó que era de Miercurea-Ciuc, ciudad situada en una parte de Transilvania que se llama País Székely, que había ido al mismo colegio que Barabási – ya estoy a tan sólo un eslabón – y que sus respectivas madres eran grandes amigas.

Termino el post con una foto de vacaciones que, creo, no tiene más destello de Barabási que las iniciales: Balaton.

El conocimiento especializado, tan grande ya como el mundo

Estoy en Budapest, con Lengua y alma de Kosztolányi entre mis manos. Es una colección de sus escritos relacionados con la lingüística y la estética; esta última una de las tres competencias básicas según Jesús Martín Barbero. En uno de ellos, de 1922, se dirige a su amigo lingüista Manó Kertész, investigador del origen de los refranes, rescatador del significado original de éstos:

Y tengo otro presentimiento: hoy en día, el conocimiento especializado es tan grande ya como el mundo.  Dime, ¿qué eres tú realmente, pescador, cazador, campesino, cocinero, brujo, húsar, sastre, zapatero, comerciante, escribiente, jugador de cartas o juez? Nada de esto, podrías responder, y un poco de todo.

Qué buena definición del trabajador del siglo 21, de la persona T, del hombre del renacimiento, del pluriespecialista.

Elementos de ciberactivismo en Brazen Careerist

El pasado trimestre en la UOC me tocó preparar un trabajo sobre la interacción en la red social online Brazen Careerist que coincidió con mi lectura de El poder de las redes de David de Ugarte. Desde entonces ronda por mi cabeza si Brazen Careerist, una comunidad virtual para profesionales de la llamada Generación Y, se puede considerar una iniciativa ciberactivista.

El sitio, con sede en Madison y con la inmensa mayoría de los miembros residiendo en Estados Unidos, promueve que los usuarios creen un llamado CV social (social resume) a través de compartir sus ideas, participar en grupos e interactuar con otros usuarios y con empresas. Al mismo tiempo, ayuda a las empresas a interactuar con los usuarios con el fin de encontrar los mejores profesionales (se afirma que se trata de una generación difícil de contactar) y tomar mejores decisiones de contratación. Es por el lado de las empresas que ingresa dinero.

El caso es que he podido identificar en Brazen Careerist los elementos del ciberactivismo: el uso de Internet, y sobre todo la blogosfera (BC se inició como una comunidad de blogs y los canales RSS siguen siendo las arterias y venas por las que fluyen las conversaciones), para difundir un discurso (como el de la no separación entre vida, trabajo e ideas, característica de la ética hacker) y poner a disposición pública una herramienta que proporcione a las personas poder y visibilidad (muy relacionados con la reputación, elemento vertebrador en Brazen). A esto se añade que no he podido identificar jerarquías (los administradores, de hecho, participaban en las conversaciones como uno más) y sí un proyecto educativo en el sentido de que se promueve un aprendizaje basado en la reflexión y la colaboración. Siguiendo con la lógica del ciberactivismo, en Brazen Careerist he observado el fortalecimiento colectivo e individual de las personas en una época que nos exige que solucionemos nosotros mismos muchos de nuestros problemas, sin la ayuda de instituciones y que ayudemos a otros a hacer lo mismo.

Digo lo del proyecto educativo porque me ha parecido que interactuar en el sitio requiere un esfuerzo considerable de los usuarios en cuanto a reflexión crítica y tiempo dedicado. Las formas de entrar en la conversación son, básicamente, cuatro: (1) suscribirse al canal RSS del sitio que agrupa los blogs de los miembros, leerlos con regularidad para, llegado el momento, empezar a comentar; (2) convertirse en miembro de uno o varios grupos o bien crear un grupo, y enviar mensajes o comentar en la página del mismo; (3) convertirse en seguidor de las personas que nos interesa conocer más y comentar sus aportaciones (de hecho el sistema requiere que, para poder comentar a otro usuario, primero se tiene que ser seguidor); y (4) proponer a los editores del sitio nuestro blog para que lo incluyan en el canal RSS de Brazen, de ese modo nos den publicidad y podamos empezar a recibir comentarios de otros usuarios.

La estructura del sistema emplea todos los elementos identificados por Kollock, que, bien utilizados, favorecen la participación de los usuarios: asegura la continuidad de la interacción, la persistencia de la identidad, almacena la información de las interacciones anteriores y las mantiene fácilmente visibles así como aplica con transparencia el reconocimiento de la colaboración de los usuarios. Es el tema de los límites, del dentro y del fuera, que necesita estar bien definido y defendido si se quiere favorecer la colaboración, que probablemente no esté del todo resuelto y que requiere de continuos acuerdos y compromisos. Si quiero comentar un post que me ha llegado desde el canal RSS de Brazen, lo puedo hacer en Brazen o lo puedo hacer en el blog en cuestión, por tanto fuera de Brazen Careerist. Si mi objetivo es construir mi CV social, lo voy a hacer dentro del sistema. Al mismo tiempo, el blogger en cuestión se tiene que enfrentar con que, a cambio de exposure mediante la inclusión de su blog en el RSS comunitario, puede perder visitas, comentarios y control en su propio blog. De comentarios en el grupo “Brazen community feedback” supe que algunos usuarios estaban pidiendo poder exportar a su blog los comentarios que sus posts reciben en Brazen y acceder a la información sobre el número de visitas que su post recibe dentro de la comunidad. Por otro lado, los usuarios han encontrado formas de llevar el contenido de Brazen fuera, hasta sus propios espacios. Un mensaje en Brazen puede inspirar un post en el blog de otro usuario y llevar la conversación desde la comunidad a ese blog.

Para terminar, llama la atención el nombre del sitio. Si careerist denota un profesional ambicioso, incluso un trepa, brazen, por si no había quedado claro, le añade el adjetivo descarado. Esto, unido a un discurso relacionado con la ética hacker, transforma la desvergüenza en una característica positiva de los profesionales.

El origen de las palabras coach y coche

La mención que hizo David el otro día de los húsares me recordó la carta de 1930 de Kosztolányi a Antoine Meillet, profesor del College de France y autor del libro Les Langues dans l’Europe nouvelle.

En el texto, Kosztolányi se dedica a rebatir las afirmaciones del reconocido lingüista francés sobre el idioma húngaro porque piensa que éste “desprecia la comunidad espiritual” a la que él (Kosztolányi) pertenece.

Así, cuando Meillet declara que “Por otra parte, el húngaro no es un idioma de civilización. Gran parte de su vocabulario está prestado; está repleto de palabas de origen turco, eslavo, alemán y latino, mientras él mismo apenas tuvo impacto en las lenguas vecinas.” Kosztolányi lo refuta, por un lado, con que lo genuino de un idioma le da su espíritu, su estructura y no las palabras que puede haber absorbido a lo largo de las interacciones con otros pueblos. Por otro lado, le ofrece datos convincentes sobre la cantidad de estas palabras prestadas: de las 122.067 palabras húngaras recogidas por la Academia por aquel entonces 330 eran turcos, 756 eslavos, 1.393 alemanes y muy pocas de origen latino.

Después, recurre a la Dictionnaire Synoptique d’Étimologie Francaise para recordar que el francés tiene 604 palabras alemanes, 154 inglesas, 15 rusas, 146 árabes, 99 “asiáticas”, 44 turcas y 4 húngaras. Entre estas últimas está hussard y coche.

Fue de este texto de Kosztolányi que me enteré de que coche venía del húngaro, en concreto de una localidad llamada Kocs, camino entre Budapest y Viena cuyos artesanos introdujeron, en los siglos 15 y 16, una serie de innovaciones al carruaje que pasó a llamarse primero kocsi szekér (carruaje de Kocs) y después directamente kocsi (que significa “de Kocs”). Y de ahí Kutsche en alemán, koč en checo, goetse en neerlandés, coach en inglés, coche en español, francés y portugués, cotxe en catalán, cocchio en italiano, koczi en polaco y kusk en sueco. Curioso, hoy en día donde más se recuerda el origen de esta palabra es en los libros sobre coaching. Y donde pasó a significar “automóvil” es en el español y el húngaro.

¿Qué fueron estas innovaciones de los artesanos de Kocs y por qué pudo difundirse tanto su nuevo modelo de carroza?

El “carruaje de Kocs” fue una carroza ligera de cuatro ruedas y tirada siempre por caballos, frente a los carruajes de carga pesados y generalmente tirados por bueyes. Su rapidez y flexibilidad no se debió a muelles sino a una muy buena combinación de tres o cuatro tipos de madera. Apenas contenía herraje; las ruedas sin herraje, sin bien se rompían con más facilidad, eran muy flexibles. Aparte de ser rápido y flexible, también tenía una gran superficie de carga: cabían cuatro personas más equipaje. Las innovaciones tecnológicas concretas que permitían este gran superficie, y además evitaban que el barro y el polvo pudiesen entrar adonde estaban los pasajeros y también hicieron que la parte delantera del coche girase estupendamente, están bien documentadas… es una pena que no sea capaz de trasladarlas al castellano. Lo que sí entiendo más o menos es la técnica de enjaezar los tres caballos, al parecer también innovadora, que conseguía efectos parecidos a lo que hoy sería la marcha directa, la propulsión a cuatro ruedas y la turboalimentación.

El incentivo para conseguir carrozas capaces de recorrer hasta 75 km al día y transportar tanto personas como mercancía ligera, les llegó a los carroceros de Kocs de la mano de Matías Corvino que, en el siglo 15, estableció un servicio de correos entre Budapest y Viena; una de sus paradas fue en Kocs.

A través de Ippolito d’Este, sobrino de la mujer de Matías, el invento pronto llegó a Italia.  El sistema de aprendizaje de los gremios de entonces, con los años itinerantes como fundamentales para que los oficiales se convirtieran en maestros del oficio, seguramente ayudó a difundir el nuevo modelo por otras partes de Europa. Al diplomático Sigismund Herberstein le tocó hacer una parte de su viaje de Viena a Moscú en un coche así en 1518 y se convirtió en el primero en describirlo en detalle y por escrito como “Kotschi Wagen, llamado así por un pueblo a diez millas de Buda”. En el siglo 16, la carroza de Kocs aparece en los cuadros de Bruegel y se sabe que los modelos de goetse flamencos y neerlandeses influyeron en la construcción de los coach ingleses. En muchas historias del coaching se rememora que Luis de Ávila, cronista de Carlos V. anotó una vez que el emperador “se puso a dormir en un carro cubierto, al que en Hungría llaman coche”.

Pero más importante que estas instantáneas de la historia es que, si la innovación nació a lo largo de un camino de correos, de un flujo constante de información, su difusión la hizo posible otro flujo, el del comercio que requería de un vehículo para transportar con rapidez personas y mercancías.

Las empresas ‘ofrecen’ y las personas ‘demandan’ empleo en un mundo patas arriba

Los economistas hablan últimamente de oferta y demanda de competencias (skills supply and demand) y cuando lo hacen, entienden que la oferta viene por parte de quienes ofrecen trabajo, es decir, los trabajadores y la demanda por parte de quienes demandan trabajo para llevar a cabo proyectos, es decir las empresas. Los trabajadores ofrecen y las empresas demandan.

Sin embargo, cuando miramos el mercado laboral desde el punto de vista de los trabajadores, y especialmente de los desempleados, la oferta la hacen las empresas y los que demandan son los trabajadores. Y demasiadas veces se nos escapa que ya no hablamos de trabajo y competencias sino de empleo.

Para una mayor precisión acerca de los significados de trabajo y empleo, uno puede recurrir a Chris Benner. Según este geógrafo urbano y de la economía, profesor de la Universidad de Pennsylvania, trabajo hace referencia a las actividades que realizan las personas mientras participan en el proceso productivo. Incluye las aptitudes físicas y los procesos cognitivos implicados, las herramientas y la tecnología utilizada y las relaciones que establecen con otras personas – clientes, compañeros de trabajo, colegas de otras compañías, proveedores y demás – mientras trabajan. Empleo, en cambio, se refiere a las relaciones entre trabajador y empleador, a los procesos utilizados por los segundos para dirigir, motivar y supervisar a los primeros y a la compensación recibida.

Creo que trabajo y empleo con demasiada frecuencia se utilizan indistintamente en el discurso público. Una de las consecuencias de esta (con)fusión de los significados es, en palabras de David, una relación con las empresas donde no emprendemos nada, donde esperamos que nos saquen a bailar y nos ponemos guapos para llamar la atención con el cuaderno de bailes en la mano. Porque somos ‘demandantes’ de empleo.

Por el lado de las empresas, aunque nos ciñamos a que demandan trabajo y no les veamos como ofertadores de empleo, como bien apuntó Enrique, compañero del master, en la economía clásica las simplificaciones llevan a que lo que se demanda sean horas y se pague dinero y que no entren las competencias ni las relaciones que se establecen en el proceso productivo.

Lo que tenemos, por tanto, son personas reducidas a horas y empresas reducidas a pagadores. Pero todos sabemos que el trabajo es mucho más que esto.

Una solución innovadora y esperanzadora es el trabajador como pluriespecialista que no busca un contrato sino un proyecto donde aportar y aprender y la empresa como comunidad con un proyecto vital compartido que se expresa a través de su acción, incluida aquella que tiene lugar en el mercado. Un modelo integrador de todos los elementos del trabajo antes mencionados: aptitudes, procesos cognitivos, tecnología y relaciones interpersonales y les añade la dimensión de aprendizaje continuo.

Conozco más ejemplos, pequeños y parciales eso sí… hay proyectos europeos dentro de centros de formación que comienzan como minúsculos emprendizajes de profesores, a veces sólo de uno, para luego crecer y convertirse en espacios transnacionales de aprendizaje, producción y, quién sabe, de pequeños mercados en los que tanto las personas como las empresas busquen aportar y aprender.

LDS o la psicodelia del Learn-Do-Share

Siempre me ha gustado que en Bikram Yoga a uno no le clasifiquen por niveles y que todas las clases sean para todos. Nunca he oído a nadie quejarse de esto.

En todas las clases hay aprendices, practicantes y maestros – estas categorías me las presto de Homo Competens, me parecen claros, sencillos y elegantes. A los aprendices se les pide que se pongan atrás para poder ver a los practicantes. Éstos se ponen delante no sólo para que se les vea sino porque les sirve más observarse a mí mismos en el espejo que mirar a los otros. Y maestros no sólo son los profes: los que llevan años de práctica pueden ser un estímulo para los nuevos. Les cuentan, por ejemplo, lo que tardaron en no caerse del arco de pie.

En clase de yoga hay LDS – sigo prestando cosas de Homo Competens -, es decir, se aprende (Learn), se practica (Do) y se comparte (Share) a la vez. Y es psicodélico.

Clase de Bikram

Sí pero no

“¿Existe alguna alternativa al aumento continuo de la productividad si el objetivo es satisfacer las exigencias del Estado del bienestar?Es una pregunta que se nos ha planteado en un módulo sobre nueva economía y trabajo.

La respuesta me la presto de Diego, quien tenía dos años y uniforme cuando yo lo conocía y a la pregunta “¿te ha gustado el cole hoy?” respondía con seguridad con un “sí pero no”.

Sí pero no. Sí hay alternativas pero no para satisfacer las exigencias del Estado del bienestar sino para vivir de una manera sostenible.

En su libro La termodinámica de la vida,  Eric D. Schneider y Dorion Sagan relacionan los principios de la termodinámica con todo tipo de fenómenos de la vida: la evolución de las especies, el sexo, la salud, la ecología, la economía, etc.

En el apartado sobre economía, después de afirmar que “puesto que nos hemos expandido usando la inteligencia para detectar gradientes no necesariamente sostenibles, la continuidad de la civilización no es una conclusión inevitable” sostienen que, aunque no inevitable, sí es posible la continuidad de la civilización si nos comportamos como “ecosistemas maduros”. Esto significaría:

Usar gradientes energéticos sostenibles: creo que no necesita explicación
Controlar nuestra población: estaría bien conseguir densidades de población ecológicamente ajustadas mediante la planificación en lugar de mecanismos deletéreos como la guerra o el hambre
Incrementar la eficiencia energética: como los ecosistemas que incrementan su eficiencia a lo largo de la sucesión
Reciclar: nuestros desechos corporales y los subproductos tecnológicos deben integrarse en flujos cíclicos
Restañar las fugas hasta donde sea posible: el agua y los nutrientes vegetales, en particular el nitrógeno y el fósforo, tienden a perderse
Adoptar la ecología como visión del mundo: vivir de una manera más simbiótica
Promover la diversidad cultural y biológica más que la uniformidad: proporcionará “copias de seguridad” para llevar a cabo procesos importantes en caso de emergencias
Promover la interconectividad: pero no hasta el punto de la homogeneidad absoluta. Los ecosistemas sometidos a tensión o privados de energía revierten a fases de organización más tempranas. Estas tendencias son predecibles y la humanidad no es una excepción.

De un compañero del master supe que a todo esto también se le llama biomímesis.

Un siglo antes de McLuhan…

Samuel Butler, novelista y teórico de la evolución de las máquinas, en 1863:

[Llegará el día] en que todos los hombres de todos los lugares, sin pérdida de tiempo, serán conocedores a través de sus sentidos, de todo lo que desean saber de los otros lugares, a un coste bajo, de manera que el colono de un país remoto podrá estar al tanto de la venta de su lana en Londres y tratar con el comprador en persona; podrá estar sentado en una silla dentro de su choza mientras escucha la representación de Israel en Egipto en el Exeter Hall; podrá probar un helado en el Rakaia [un río neozelandés], que pagará y recibirá en el teatro de la ópera italiano […] [Es] la gran aniquilación de tiempo y lugar por la que todos estamos esforzándonos, y que en una pequeña parte se nos ha permitido ver realizada en la actualidad

(Butler, Samuel. 1863. From our mad correspondent. Canterbury Press, 15 de septiembre, reimpreso en J. Jones. 1959. The cradle of Erewhon: Samuel Butler in New Zealand. University of Texas Press, Austin, págs. 196-197. y citado en la página 338 de Schneider, Eric D. y Sagan, Dorion. 2008. La termodinámica de la vida. Física, cosmología, ecología y evolución. Tusquets Editores: Barcelona)

Los seis grados de separación: de la literatura a la ciencia

Foto de Frigyes KarinthySegún el concepto de los seis grados de separación, hoy popular gracias a las redes sociales online, cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona mediante una cadena de conocidos con no más de cinco intermediarios. Albert-László Barabási, profesor de física en la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU), afirma en su libro Linked que fue en un cuento del escritor húngaro Frigyes Karinthy, donde el concepto apareció por primera vez por escrito. El cuento se titula “Láncszemek” (Eslabones) y es del libro “Minden másképpen van” (Todo es distinto) editado en 1929 como el cuatrogésimo sexto libro del autor.

He aquí una traducción (no literaria) al español de un fragmento del cuento.

[…]

Por lo demás, del debate se desarrolló un juego amigable. Para demostrar que los habitantes del planeta están mucho más cerca los unos a los otros que antes, desde todos los puntos de vista, uno de los miembros del grupo propuso una prueba. Señalen un individuo concreto cualquiera del billón y medio que habitan la Tierra, en cualquier punto de la Tierra – él apuesta que a través de un máximo de otros cinco individuos, de los que uno es conocido suyo, puede relacionarse con ese individuo, únicamente a base de conocidos directos del tipo “tú que conoces a X. Y., dile que hable con su conocido  Z. V.” etc.

– Esto lo quiero ver – dijo alguien -, pues, digamos… digamos Selma Lagerlöf.

– Selma Lagerlöf – dijo nuestro amigo -, nada más fácil.

Se lo pensó tan sólo durante dos segundos y ya lo tenía. Pues Selma Lagerlöf, como ganadora del Premio Nobel, es evidente que conoce personalmente al rey sueco Gustavo, ya que fue ése que, según las reglas, le entregó el Premio. Y resulta que el rey sueco Gustavo es un destacado jugador de tenis, participa en los torneos internacionales, jugó con Kehrling al que, sin duda, conoce y aprecia – y a Kehrling lo conozco yo mismo muy bien (nuestro amigo está muy aficionado al tenis). He aquí la cadena, tan sólo se necesitaron dos eslabones de los cinco, lo que es natural porque a las personas famosas y populares es más fácil encontrar caminos que a las insignificantes, ya que las primeras tienen un sinfín de conocidos. Háganme el favor de elegir una tarea más difícil.

De la tarea más difícil, un trabajador de la fábrica de Ford, me encargué yo mismo y lo resolví con cuatro eslabones. El trabajador conoce al encargado del taller, el encargado del taller conoce al mismo Ford, Ford está en buenos términos con el director ejecutivo de la Hearst Corporation, a quien Árpád Pásztor conoció de fondo el año pasado y a Árpád Pásztor no sólo lo conozco sino, que yo sepa, es muy buen amigo mío – si se lo pido, telegrafia al director-ejecutivo para que éste avise a Ford, para que Ford avise al encargado del taller de que el trabajador me monte un coche con urgencia que resulta que justo necesito uno.

Así siguió el juego y nuestro amigo acabó tendiendo razón – en ningún caso se necesitaron más de cinco eslabones para que cualquiera que estábamos allí conectáramos con cualquier habitante de la Tierra sólo mediante conocidos personales. Ahora bien, pregunto entonces, ¿ha habido alguna vez época en la historia en que esto fuese posible? Julio César fue un hombre muy grande pero si se le hubiese ocurrido obtener enchufe, en unas horas o días, a un sacerdote maya o azteca de la América de entonces – no lo hubiese conseguido ni con trescientos eslabones, ya que de los posibles o imposibles habitantes de América supieron entonces menos de lo que nosotros sabemos de Marte y sus habitantes.

[…]

Tres décadas más tarde, en 1967, el profesor de Harvard Stanley Milgram redescubrió los seis grados en una investigación empírica llamado Experimento del Mundo Pequeño cuyo objetivo fue encontrar la “distancia” entre dos personas cualquiera en los Estados Unidos. Si bien encontró que el número medio de intermediarios era de seis, no fue él quien acuñó el término “seis grados de separación”. Fue el dramaturgo estadounidense John Guare que lo hizo con su obra de 1990 titulado Seis Grados de Separación del que en 1993 se hizo una película con el mismo título.

El experimento de Milgram se limitó a Estados Unidos. En la obra de Guare los seis grados ya se aplican a todo el mundo. Como hay más gente que ve películas que la que lee textos de sociología, fue la versión de Guare que se popularizó. Así nació el mito. Un mito que cada vez resulta menos misterioso: Barabási, sin ir más lejos, en la página 40 de su libro mencionado, afirma que el fenómeno del mundo pequeño es un atributo estructural de todo tipo de redes.