Elementos de ciberactivismo en Brazen Careerist

El pasado trimestre en la UOC me tocó preparar un trabajo sobre la interacción en la red social online Brazen Careerist que coincidió con mi lectura de El poder de las redes de David de Ugarte. Desde entonces ronda por mi cabeza si Brazen Careerist, una comunidad virtual para profesionales de la llamada Generación Y, se puede considerar una iniciativa ciberactivista.

El sitio, con sede en Madison y con la inmensa mayoría de los miembros residiendo en Estados Unidos, promueve que los usuarios creen un llamado CV social (social resume) a través de compartir sus ideas, participar en grupos e interactuar con otros usuarios y con empresas. Al mismo tiempo, ayuda a las empresas a interactuar con los usuarios con el fin de encontrar los mejores profesionales (se afirma que se trata de una generación difícil de contactar) y tomar mejores decisiones de contratación. Es por el lado de las empresas que ingresa dinero.

El caso es que he podido identificar en Brazen Careerist los elementos del ciberactivismo: el uso de Internet, y sobre todo la blogosfera (BC se inició como una comunidad de blogs y los canales RSS siguen siendo las arterias y venas por las que fluyen las conversaciones), para difundir un discurso (como el de la no separación entre vida, trabajo e ideas, característica de la ética hacker) y poner a disposición pública una herramienta que proporcione a las personas poder y visibilidad (muy relacionados con la reputación, elemento vertebrador en Brazen). A esto se añade que no he podido identificar jerarquías (los administradores, de hecho, participaban en las conversaciones como uno más) y sí un proyecto educativo en el sentido de que se promueve un aprendizaje basado en la reflexión y la colaboración. Siguiendo con la lógica del ciberactivismo, en Brazen Careerist he observado el fortalecimiento colectivo e individual de las personas en una época que nos exige que solucionemos nosotros mismos muchos de nuestros problemas, sin la ayuda de instituciones y que ayudemos a otros a hacer lo mismo.

Digo lo del proyecto educativo porque me ha parecido que interactuar en el sitio requiere un esfuerzo considerable de los usuarios en cuanto a reflexión crítica y tiempo dedicado. Las formas de entrar en la conversación son, básicamente, cuatro: (1) suscribirse al canal RSS del sitio que agrupa los blogs de los miembros, leerlos con regularidad para, llegado el momento, empezar a comentar; (2) convertirse en miembro de uno o varios grupos o bien crear un grupo, y enviar mensajes o comentar en la página del mismo; (3) convertirse en seguidor de las personas que nos interesa conocer más y comentar sus aportaciones (de hecho el sistema requiere que, para poder comentar a otro usuario, primero se tiene que ser seguidor); y (4) proponer a los editores del sitio nuestro blog para que lo incluyan en el canal RSS de Brazen, de ese modo nos den publicidad y podamos empezar a recibir comentarios de otros usuarios.

La estructura del sistema emplea todos los elementos identificados por Kollock, que, bien utilizados, favorecen la participación de los usuarios: asegura la continuidad de la interacción, la persistencia de la identidad, almacena la información de las interacciones anteriores y las mantiene fácilmente visibles así como aplica con transparencia el reconocimiento de la colaboración de los usuarios. Es el tema de los límites, del dentro y del fuera, que necesita estar bien definido y defendido si se quiere favorecer la colaboración, que probablemente no esté del todo resuelto y que requiere de continuos acuerdos y compromisos. Si quiero comentar un post que me ha llegado desde el canal RSS de Brazen, lo puedo hacer en Brazen o lo puedo hacer en el blog en cuestión, por tanto fuera de Brazen Careerist. Si mi objetivo es construir mi CV social, lo voy a hacer dentro del sistema. Al mismo tiempo, el blogger en cuestión se tiene que enfrentar con que, a cambio de exposure mediante la inclusión de su blog en el RSS comunitario, puede perder visitas, comentarios y control en su propio blog. De comentarios en el grupo “Brazen community feedback” supe que algunos usuarios estaban pidiendo poder exportar a su blog los comentarios que sus posts reciben en Brazen y acceder a la información sobre el número de visitas que su post recibe dentro de la comunidad. Por otro lado, los usuarios han encontrado formas de llevar el contenido de Brazen fuera, hasta sus propios espacios. Un mensaje en Brazen puede inspirar un post en el blog de otro usuario y llevar la conversación desde la comunidad a ese blog.

Para terminar, llama la atención el nombre del sitio. Si careerist denota un profesional ambicioso, incluso un trepa, brazen, por si no había quedado claro, le añade el adjetivo descarado. Esto, unido a un discurso relacionado con la ética hacker, transforma la desvergüenza en una característica positiva de los profesionales.

El origen de las palabras coach y coche

La mención que hizo David el otro día de los húsares me recordó la carta de 1930 de Kosztolányi a Antoine Meillet, profesor del College de France y autor del libro Les Langues dans l’Europe nouvelle.

En el texto, Kosztolányi se dedica a rebatir las afirmaciones del reconocido lingüista francés sobre el idioma húngaro porque piensa que éste “desprecia la comunidad espiritual” a la que él (Kosztolányi) pertenece.

Así, cuando Meillet declara que “Por otra parte, el húngaro no es un idioma de civilización. Gran parte de su vocabulario está prestado; está repleto de palabas de origen turco, eslavo, alemán y latino, mientras él mismo apenas tuvo impacto en las lenguas vecinas.” Kosztolányi lo refuta, por un lado, con que lo genuino de un idioma le da su espíritu, su estructura y no las palabras que puede haber absorbido a lo largo de las interacciones con otros pueblos. Por otro lado, le ofrece datos convincentes sobre la cantidad de estas palabras prestadas: de las 122.067 palabras húngaras recogidas por la Academia por aquel entonces 330 eran turcos, 756 eslavos, 1.393 alemanes y muy pocas de origen latino.

Después, recurre a la Dictionnaire Synoptique d’Étimologie Francaise para recordar que el francés tiene 604 palabras alemanes, 154 inglesas, 15 rusas, 146 árabes, 99 “asiáticas”, 44 turcas y 4 húngaras. Entre estas últimas está hussard y coche.

Fue de este texto de Kosztolányi que me enteré de que coche venía del húngaro, en concreto de una localidad llamada Kocs, camino entre Budapest y Viena cuyos artesanos introdujeron, en los siglos 15 y 16, una serie de innovaciones al carruaje que pasó a llamarse primero kocsi szekér (carruaje de Kocs) y después directamente kocsi (que significa “de Kocs”). Y de ahí Kutsche en alemán, koč en checo, goetse en neerlandés, coach en inglés, coche en español, francés y portugués, cotxe en catalán, cocchio en italiano, koczi en polaco y kusk en sueco. Curioso, hoy en día donde más se recuerda el origen de esta palabra es en los libros sobre coaching. Y donde pasó a significar “automóvil” es en el español y el húngaro.

¿Qué fueron estas innovaciones de los artesanos de Kocs y por qué pudo difundirse tanto su nuevo modelo de carroza?

El “carruaje de Kocs” fue una carroza ligera de cuatro ruedas y tirada siempre por caballos, frente a los carruajes de carga pesados y generalmente tirados por bueyes. Su rapidez y flexibilidad no se debió a muelles sino a una muy buena combinación de tres o cuatro tipos de madera. Apenas contenía herraje; las ruedas sin herraje, sin bien se rompían con más facilidad, eran muy flexibles. Aparte de ser rápido y flexible, también tenía una gran superficie de carga: cabían cuatro personas más equipaje. Las innovaciones tecnológicas concretas que permitían este gran superficie, y además evitaban que el barro y el polvo pudiesen entrar adonde estaban los pasajeros y también hicieron que la parte delantera del coche girase estupendamente, están bien documentadas… es una pena que no sea capaz de trasladarlas al castellano. Lo que sí entiendo más o menos es la técnica de enjaezar los tres caballos, al parecer también innovadora, que conseguía efectos parecidos a lo que hoy sería la marcha directa, la propulsión a cuatro ruedas y la turboalimentación.

El incentivo para conseguir carrozas capaces de recorrer hasta 75 km al día y transportar tanto personas como mercancía ligera, les llegó a los carroceros de Kocs de la mano de Matías Corvino que, en el siglo 15, estableció un servicio de correos entre Budapest y Viena; una de sus paradas fue en Kocs.

A través de Ippolito d’Este, sobrino de la mujer de Matías, el invento pronto llegó a Italia.  El sistema de aprendizaje de los gremios de entonces, con los años itinerantes como fundamentales para que los oficiales se convirtieran en maestros del oficio, seguramente ayudó a difundir el nuevo modelo por otras partes de Europa. Al diplomático Sigismund Herberstein le tocó hacer una parte de su viaje de Viena a Moscú en un coche así en 1518 y se convirtió en el primero en describirlo en detalle y por escrito como “Kotschi Wagen, llamado así por un pueblo a diez millas de Buda”. En el siglo 16, la carroza de Kocs aparece en los cuadros de Bruegel y se sabe que los modelos de goetse flamencos y neerlandeses influyeron en la construcción de los coach ingleses. En muchas historias del coaching se rememora que Luis de Ávila, cronista de Carlos V. anotó una vez que el emperador “se puso a dormir en un carro cubierto, al que en Hungría llaman coche”.

Pero más importante que estas instantáneas de la historia es que, si la innovación nació a lo largo de un camino de correos, de un flujo constante de información, su difusión la hizo posible otro flujo, el del comercio que requería de un vehículo para transportar con rapidez personas y mercancías.

Las empresas ‘ofrecen’ y las personas ‘demandan’ empleo en un mundo patas arriba

Los economistas hablan últimamente de oferta y demanda de competencias (skills supply and demand) y cuando lo hacen, entienden que la oferta viene por parte de quienes ofrecen trabajo, es decir, los trabajadores y la demanda por parte de quienes demandan trabajo para llevar a cabo proyectos, es decir las empresas. Los trabajadores ofrecen y las empresas demandan.

Sin embargo, cuando miramos el mercado laboral desde el punto de vista de los trabajadores, y especialmente de los desempleados, la oferta la hacen las empresas y los que demandan son los trabajadores. Y demasiadas veces se nos escapa que ya no hablamos de trabajo y competencias sino de empleo.

Para una mayor precisión acerca de los significados de trabajo y empleo, uno puede recurrir a Chris Benner. Según este geógrafo urbano y de la economía, profesor de la Universidad de Pennsylvania, trabajo hace referencia a las actividades que realizan las personas mientras participan en el proceso productivo. Incluye las aptitudes físicas y los procesos cognitivos implicados, las herramientas y la tecnología utilizada y las relaciones que establecen con otras personas – clientes, compañeros de trabajo, colegas de otras compañías, proveedores y demás – mientras trabajan. Empleo, en cambio, se refiere a las relaciones entre trabajador y empleador, a los procesos utilizados por los segundos para dirigir, motivar y supervisar a los primeros y a la compensación recibida.

Creo que trabajo y empleo con demasiada frecuencia se utilizan indistintamente en el discurso público. Una de las consecuencias de esta (con)fusión de los significados es, en palabras de David, una relación con las empresas donde no emprendemos nada, donde esperamos que nos saquen a bailar y nos ponemos guapos para llamar la atención con el cuaderno de bailes en la mano. Porque somos ‘demandantes’ de empleo.

Por el lado de las empresas, aunque nos ciñamos a que demandan trabajo y no les veamos como ofertadores de empleo, como bien apuntó Enrique, compañero del master, en la economía clásica las simplificaciones llevan a que lo que se demanda sean horas y se pague dinero y que no entren las competencias ni las relaciones que se establecen en el proceso productivo.

Lo que tenemos, por tanto, son personas reducidas a horas y empresas reducidas a pagadores. Pero todos sabemos que el trabajo es mucho más que esto.

Una solución innovadora y esperanzadora es el trabajador como pluriespecialista que no busca un contrato sino un proyecto donde aportar y aprender y la empresa como comunidad con un proyecto vital compartido que se expresa a través de su acción, incluida aquella que tiene lugar en el mercado. Un modelo integrador de todos los elementos del trabajo antes mencionados: aptitudes, procesos cognitivos, tecnología y relaciones interpersonales y les añade la dimensión de aprendizaje continuo.

Conozco más ejemplos, pequeños y parciales eso sí… hay proyectos europeos dentro de centros de formación que comienzan como minúsculos emprendizajes de profesores, a veces sólo de uno, para luego crecer y convertirse en espacios transnacionales de aprendizaje, producción y, quién sabe, de pequeños mercados en los que tanto las personas como las empresas busquen aportar y aprender.

LDS o la psicodelia del Learn-Do-Share

Siempre me ha gustado que en Bikram Yoga a uno no le clasifiquen por niveles y que todas las clases sean para todos. Nunca he oído a nadie quejarse de esto.

En todas las clases hay aprendices, practicantes y maestros – estas categorías me las presto de Homo Competens, me parecen claros, sencillos y elegantes. A los aprendices se les pide que se pongan atrás para poder ver a los practicantes. Éstos se ponen delante no sólo para que se les vea sino porque les sirve más observarse a mí mismos en el espejo que mirar a los otros. Y maestros no sólo son los profes: los que llevan años de práctica pueden ser un estímulo para los nuevos. Les cuentan, por ejemplo, lo que tardaron en no caerse del arco de pie.

En clase de yoga hay LDS – sigo prestando cosas de Homo Competens -, es decir, se aprende (Learn), se practica (Do) y se comparte (Share) a la vez. Y es psicodélico.

Clase de Bikram

Sí pero no

“¿Existe alguna alternativa al aumento continuo de la productividad si el objetivo es satisfacer las exigencias del Estado del bienestar?Es una pregunta que se nos ha planteado en un módulo sobre nueva economía y trabajo.

La respuesta me la presto de Diego, quien tenía dos años y uniforme cuando yo lo conocía y a la pregunta “¿te ha gustado el cole hoy?” respondía con seguridad con un “sí pero no”.

Sí pero no. Sí hay alternativas pero no para satisfacer las exigencias del Estado del bienestar sino para vivir de una manera sostenible.

En su libro La termodinámica de la vida,  Eric D. Schneider y Dorion Sagan relacionan los principios de la termodinámica con todo tipo de fenómenos de la vida: la evolución de las especies, el sexo, la salud, la ecología, la economía, etc.

En el apartado sobre economía, después de afirmar que “puesto que nos hemos expandido usando la inteligencia para detectar gradientes no necesariamente sostenibles, la continuidad de la civilización no es una conclusión inevitable” sostienen que, aunque no inevitable, sí es posible la continuidad de la civilización si nos comportamos como “ecosistemas maduros”. Esto significaría:

Usar gradientes energéticos sostenibles: creo que no necesita explicación
Controlar nuestra población: estaría bien conseguir densidades de población ecológicamente ajustadas mediante la planificación en lugar de mecanismos deletéreos como la guerra o el hambre
Incrementar la eficiencia energética: como los ecosistemas que incrementan su eficiencia a lo largo de la sucesión
Reciclar: nuestros desechos corporales y los subproductos tecnológicos deben integrarse en flujos cíclicos
Restañar las fugas hasta donde sea posible: el agua y los nutrientes vegetales, en particular el nitrógeno y el fósforo, tienden a perderse
Adoptar la ecología como visión del mundo: vivir de una manera más simbiótica
Promover la diversidad cultural y biológica más que la uniformidad: proporcionará “copias de seguridad” para llevar a cabo procesos importantes en caso de emergencias
Promover la interconectividad: pero no hasta el punto de la homogeneidad absoluta. Los ecosistemas sometidos a tensión o privados de energía revierten a fases de organización más tempranas. Estas tendencias son predecibles y la humanidad no es una excepción.

De un compañero del master supe que a todo esto también se le llama biomímesis.

Un siglo antes de McLuhan…

Samuel Butler, novelista y teórico de la evolución de las máquinas, en 1863:

[Llegará el día] en que todos los hombres de todos los lugares, sin pérdida de tiempo, serán conocedores a través de sus sentidos, de todo lo que desean saber de los otros lugares, a un coste bajo, de manera que el colono de un país remoto podrá estar al tanto de la venta de su lana en Londres y tratar con el comprador en persona; podrá estar sentado en una silla dentro de su choza mientras escucha la representación de Israel en Egipto en el Exeter Hall; podrá probar un helado en el Rakaia [un río neozelandés], que pagará y recibirá en el teatro de la ópera italiano […] [Es] la gran aniquilación de tiempo y lugar por la que todos estamos esforzándonos, y que en una pequeña parte se nos ha permitido ver realizada en la actualidad

(Butler, Samuel. 1863. From our mad correspondent. Canterbury Press, 15 de septiembre, reimpreso en J. Jones. 1959. The cradle of Erewhon: Samuel Butler in New Zealand. University of Texas Press, Austin, págs. 196-197. y citado en la página 338 de Schneider, Eric D. y Sagan, Dorion. 2008. La termodinámica de la vida. Física, cosmología, ecología y evolución. Tusquets Editores: Barcelona)

Los seis grados de separación: de la literatura a la ciencia

Foto de Frigyes KarinthySegún el concepto de los seis grados de separación, hoy popular gracias a las redes sociales online, cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona mediante una cadena de conocidos con no más de cinco intermediarios. Albert-László Barabási, profesor de física en la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU), afirma en su libro Linked que fue en un cuento del escritor húngaro Frigyes Karinthy, donde el concepto apareció por primera vez por escrito. El cuento se titula “Láncszemek” (Eslabones) y es del libro “Minden másképpen van” (Todo es distinto) editado en 1929 como el cuatrogésimo sexto libro del autor.

He aquí una traducción (no literaria) al español de un fragmento del cuento.

[…]

Por lo demás, del debate se desarrolló un juego amigable. Para demostrar que los habitantes del planeta están mucho más cerca los unos a los otros que antes, desde todos los puntos de vista, uno de los miembros del grupo propuso una prueba. Señalen un individuo concreto cualquiera del billón y medio que habitan la Tierra, en cualquier punto de la Tierra – él apuesta que a través de un máximo de otros cinco individuos, de los que uno es conocido suyo, puede relacionarse con ese individuo, únicamente a base de conocidos directos del tipo “tú que conoces a X. Y., dile que hable con su conocido  Z. V.” etc.

– Esto lo quiero ver – dijo alguien -, pues, digamos… digamos Selma Lagerlöf.

– Selma Lagerlöf – dijo nuestro amigo -, nada más fácil.

Se lo pensó tan sólo durante dos segundos y ya lo tenía. Pues Selma Lagerlöf, como ganadora del Premio Nobel, es evidente que conoce personalmente al rey sueco Gustavo, ya que fue ése que, según las reglas, le entregó el Premio. Y resulta que el rey sueco Gustavo es un destacado jugador de tenis, participa en los torneos internacionales, jugó con Kehrling al que, sin duda, conoce y aprecia – y a Kehrling lo conozco yo mismo muy bien (nuestro amigo está muy aficionado al tenis). He aquí la cadena, tan sólo se necesitaron dos eslabones de los cinco, lo que es natural porque a las personas famosas y populares es más fácil encontrar caminos que a las insignificantes, ya que las primeras tienen un sinfín de conocidos. Háganme el favor de elegir una tarea más difícil.

De la tarea más difícil, un trabajador de la fábrica de Ford, me encargué yo mismo y lo resolví con cuatro eslabones. El trabajador conoce al encargado del taller, el encargado del taller conoce al mismo Ford, Ford está en buenos términos con el director ejecutivo de la Hearst Corporation, a quien Árpád Pásztor conoció de fondo el año pasado y a Árpád Pásztor no sólo lo conozco sino, que yo sepa, es muy buen amigo mío – si se lo pido, telegrafia al director-ejecutivo para que éste avise a Ford, para que Ford avise al encargado del taller de que el trabajador me monte un coche con urgencia que resulta que justo necesito uno.

Así siguió el juego y nuestro amigo acabó tendiendo razón – en ningún caso se necesitaron más de cinco eslabones para que cualquiera que estábamos allí conectáramos con cualquier habitante de la Tierra sólo mediante conocidos personales. Ahora bien, pregunto entonces, ¿ha habido alguna vez época en la historia en que esto fuese posible? Julio César fue un hombre muy grande pero si se le hubiese ocurrido obtener enchufe, en unas horas o días, a un sacerdote maya o azteca de la América de entonces – no lo hubiese conseguido ni con trescientos eslabones, ya que de los posibles o imposibles habitantes de América supieron entonces menos de lo que nosotros sabemos de Marte y sus habitantes.

[…]

Tres décadas más tarde, en 1967, el profesor de Harvard Stanley Milgram redescubrió los seis grados en una investigación empírica llamado Experimento del Mundo Pequeño cuyo objetivo fue encontrar la “distancia” entre dos personas cualquiera en los Estados Unidos. Si bien encontró que el número medio de intermediarios era de seis, no fue él quien acuñó el término “seis grados de separación”. Fue el dramaturgo estadounidense John Guare que lo hizo con su obra de 1990 titulado Seis Grados de Separación del que en 1993 se hizo una película con el mismo título.

El experimento de Milgram se limitó a Estados Unidos. En la obra de Guare los seis grados ya se aplican a todo el mundo. Como hay más gente que ve películas que la que lee textos de sociología, fue la versión de Guare que se popularizó. Así nació el mito. Un mito que cada vez resulta menos misterioso: Barabási, sin ir más lejos, en la página 40 de su libro mencionado, afirma que el fenómeno del mundo pequeño es un atributo estructural de todo tipo de redes.

Comprender la globalización a través de las ciudades

La  leemos y escuchamos a diario en los medios, sabemos que nos afecta, que está estrechamente relacionada con la crisis económica (vaya, otra palabrita que necesita más de una mirada detenida) pero ¿hasta qué punto comprendemos el significado de lo que llamamos globalización?

En su libro Una sociología de la globalización (en parte disponible en Google Books), la socióloga Saskia Sassen argumenta que, para estudiar la globalización, hacen falta nuevos marcos conceptuales y uno de ellos lo constituye la ciudad global. La ciudad global es un terreno donde los procesos de globalización se materializan y se localizan. Se diferencian de las antiguas capitales de imperios en que no existen como entidad por sí misma, sino por su conexión con otras ciudades. En el libro, la autora recuerda las cinco hipótesis para explicar la importancia de las ciudades en los procesos económicos globales que ya expuso en un libro anterior The global city: New York, London, Tokio (enteramente disponible en Google Books):

#1 La dispersión geográfica de las actividades económicas de las empresas alimenta el crecimiento de las funciones centrales, los niveles altos de gestión. Es decir, cuanto más dispersos son las operaciones, más complejas y estratégicas las funciones centrales.

#2 Estas funciones centrales se vuelven tan complejas que las empresas empiezan a tercerizarlas a empresas de servicios.

#3 Las empresas de servicios se benefician de las economías de aglomeración que ofrecen las ciudades como centro de información gracias a la combinación de empresas, talento y experiencia.

#4 Cuanto más tercerizan las empresas su funciones más complejas, más libertad tienen por optar por cualquier ubicación ya que los trabajos que siguen realizando en la sede central ya no requieren de las economías de aglomeración.

#5 Las empresas de servicios necesitan ofrecer un servicio global, de modo que acaban por formar una red internacional de filiales que, a su vez, fortalece las redes y las transacciones entre ciudades. El proceso se alimenta a sí mismo.

En el libro, de 2007, Sassen afirma que hay unas 40 ciudades globales. Desde entonces, en 2008, Foreign Policy, basado en parte en la producción teórica de Sassen, elaboró una lista de 60 ciudades globales que aquí reproduzco desde la web de A.T. Kearney (después de leer su Legal Disclaimer, entiendo que puedo hacerlo).

Global City Index 2008 Summary Table

Para el ranking han utilizado 24 métricas según cinco dimensiones sobre las cuales tenéis más información en la web de la consultora. Madrid, por ejemplo, está en la posición 14 pero, si sólo miramos la dimensión del intercambio de la información (medida mediante las publicaciones internacionales, la cobertura de noticias internacionales y la penetración de banda ancha, entre otros), es la novena. La lista también reafirma a Sassen en que el fenómeno de las ciudades globales “quiebra en parte la antigua división entre Norte y Sur en tanto construye una geografía de la centralidad que incluye importantes ciudades del Sur aunque su ubicación en la jerarquía global sea modesta”.

Para terminar, me habría gustado dejar aquí una foto más personal de Saskia Sassen en el salón de su casa con su esposo Richard Sennett (al enfrentarme a textos de este calibre, me ayuda conocer un poco el lado personal del/a autor/a…)  pero en este caso entiendo que no puedo hacerlo, así que os dejo con el enlace al artículo del The New York Times.

Buzz, Sidewiki e identidad virtual

En la asignatura Metodologías cualitativas de investigación social, que cursé el semestre pasado, experimentamos algunas partes de una investigación cualitativa sobre Internet. Yo elegí como escenario el entorno Sidewiki de Google y en ese entorno probé dos métodos de la investigación cualitativa: la observación participante y la entrevista.

Durante la primera sesión de observación participante, lo que más me llamó la atención era el perfil de quien escribe la entrada. Se trata del perfil que la persona tiene en Google y donde tiene la posibilidad de presentarse, dar píldoras de información sobre sí mismo (donde creció, sitios donde ha vivido, en qué trabaja, donde estudia, etc.) e incluir enlaces a sus sitios en la web. Una y otra vez hice clic sobre el avatar para ver los perfiles. Nunca dejé de mirar la recopilación de las entradas Sidewiki que el perfil de Google recoge en orden cronológico lo cual me afirmaba que en Sidewiki la identidad digital tenía un papel destacado. Basándome en las lecturas de Hine y en lo que observé, mi impresión era que la identidad del usuario aumenta o bien reduce la autenticidad de la entrada. Si una entrada Sidewiki estaba respaldada de una identidad virtual “sólida” (perfil de Google con foto y bastante información, enlace a un blog o al sitio web del usuario) automáticamente percibía la entrada como más fiable.

La entrevista me aportó otro dato más al respecto: Sidewiki también parece ser un recurso en la estrategia de construcción de la identidad virtual del usuario. Mi informante me dijo que “tenía en cuenta” que Google registraba sus entradas Sidewiki en su perfil, que “no quería que cualquier cosa se quede en su perfil” ya que trataba de “construir una identidad virtual que tenga que ver con su profesión”. En esta misma línea apunta su observación de que “es interesante cuando sidewiki se superpone a un foro porque en sidewiki en general utilizas tu usuario de google que suele estar asociado a tu verdadera identidad en cambio en los foros generalmente uno usa un usuario anónimo”. Mi propia experiencia es muy similar y me aventuro a afirmar que Sidewiki permite que la confianza en la información, importante cuando se trata de generación de conocimiento, se sustente en parte sobre quién la da.

Ahora, con la llegada de Buzz, Google ha añadido otro recurso más, y qué recurso, para la construcción de la identidad virtual. Si permitimos que Buzz “coleccione” nuestras publicaciones y actividades en otros sitios (sean de Google como Picasa o Reader, sean otros como Twitter o Flickr) tendremos una página de perfil aun más dinámica que ofrecerá un rico cuadro sobre nosotros, lo que hacemos y lo que pensamos. Sidewiki y Buzz se refuerzan y aumentan el valor del otro mutuamente.

Por otro lado… Buzz genera preocupación, a veces paranoia de que “todo el mundo ve todo”. Otras veces espanto porque se le ve como otro intento más de “robarnos el tiempo”. A este respecto, me gusta mucho la valoración que hace de Buzz Umair Haque según sus “principios del diseño para el significado”. Os animo a leerlo, a mí me resultó muy relevante y esclarecedor, especialmente el punto de que Buzz es “egoista” ya que recoge todo de otros sitios sin dar nada a cambio.

Para terminar, una imagen de dougbelshaw.com/blog acerca de lo que significa Buzz para Facebook y Twitter que me hizo gracia…

This is what’s really going on.../ by dougbelshaw

El nuevo orden del orden: adiós al “todo en su sitio”

El problema es que estamos abarrotados de información
¿De dónde saco yo tiempo para los 1.500 artículos al dia que llegan a mi lector de feeds?

Estas frases reflejan uno de los problemas que percibimos los humanos a los que nos ha tocado vivir en la Era de la Información pero que seguimos disponiendo de sólo 24 h al día.

Y  entonces leo en el libro La Alquimia de la Multitudes de Francis Pisani y Dominique Piotet (Paidós Editorial, 2009, 25 eurazos o disponible online en francés) que “cuanta más información tengamos, más eficaz será el orden“. Están hablando de las folcsonomías, un “nuevo tipo de organización de la información” distinta a las tradicionales taxonomías. Recurren a David Weinberger, filósofo y uno de los autores del Manifiesto Cluetrain (le debemos lo de “los mercados son conversaciones”) para explicar las características de las folcsonomías:

  1. Se presentan bajo la forma de montones de hojas y no de jerarquías tipo árbol
  2. En vez de diseñarse de antemano, se desarrollan sobre la marcha
  3. No pertenecen a nadie y no están controladas ni centralizadas por nadie

Weinberger es autor del libro Everything is Miscellaneous, The Power of the New Digital Disorder (Todo es diverso, el poder del nuevo desorden digital). La introducción y el primer capítulo están disponibles en inglés en el blog del libro y ofrecen, lo he comprobado, una experiencia de lectura estupenda.

La solución a la sobreabundancia de información es añadir más información” afirma Weinberger y, efectivamente, es lo que hacemos cuando etiquetamos nuestras fotos en Flickr o Facebook. En el mundo físico, una foto sólo puede estar en un sitio concreto de un álbum concreto. En el mundo digital, puede estar en varios sitios a la vez. Adiós al “todo en su sitio”. En el nuevo orden del orden “todo es diverso”: la foto que yo etiqueto como “la boda de Miguel” otra persona la puede etiquetar como “momento embarazoso” o “baile ritual”. Y ninguna es mejor que la otra porque una de las consecuencias del nuevo orden del orden es que “debemos deshacernos de la idea de que existe una forma mejor que las demás de organizar el mundo”.

Esto tiene otras y bien profundas consecuencias en las instituciones que tradicionalmente tienen la autoridad de clasificar el mundo. El nuevo orden del orden “hace que cambie nuestra percepción de cómo está organizado el mundo y – más importante aún – de quién tiene la autoridad de ordenarlo.”