Reeducación alimentaria

Una charla de ayer me enseñó que el uso del término «reeducación alimentaria» no es sólo de Natur House sino quizá sea de un grupo más amplio de nutricionistas. A mí eso de «reeducación» no deja de ponerme los pelos de punta. Y recordarme la reacción de la amante rusa de Toni Soprano al escuchar que tratarían su depresión en un «centro de reeducación».

Si algo claro salió de esta charla es que «hay muchos metabolismos posibles», que distintas personas responden de forma distinta a los alimentos (por eso no hay «dietas milagro») y que el futuro de la nutrición probablemente pase por el análisis genético. Por comer alimentos para cuya digestión más preparado esté cada persona.

Un futuro, sin embargo, que al parecer el nutricionista que dio la charla no se lo acaba de creer. O así me explico que siguiera hablando de necesidades de nutrientes de la «población» y de volver a comer «normal» tras una dieta para adelgazar.

Si la verdad está en los genes, la «población», en especial la de las grandes urbes y de lugares con muchos movimientos migratorios, va a tener necesidades muy dispares entre sí. Pero lo que más me chirría es el implícito detrás de volver a comer «normal»: la contradicción entre descubrir cuál es la dieta más saludable, es decir, la normalidad de cada persona y la vuelta a una normalidad relacionada con la «población», parece que el nutricionista no la tiene resuelta.

12 comentarios sobre “Reeducación alimentaria”

  1. Lo tuyo sí que es atención diversificada 😉

    En general, soy muy escéptica con estos temas en esta parte del globo terráqueo. Creo que estamos enfermos de egocentrismo y de desidia. Sustituir las dietas por el ejercicio, esa sí que es una buena receta para el cuerpo y para la mente. Y si puede ser al aire libre, mejor. Es que la bici me tiene entusiasmada 🙂

    1. ¡Qué envidia con la bici! El aire libre y la bici son algo que echo mucho de menos en el centro de Madrid. La charla era organizada por los «escépticos» pero me decepcionó un poco que se limitara a desmentir las dietas milagro con los argumentos de siempre, apoyándose a lo que dice el gremio (asociación española de nutricionistas, sociedad británica de nutricionistas…). Me pareció poco escéptico porque creo que hoy en día, para llegar a las respuestas correctas, no deberíamos contentarnos con lo que dice el gremio (que tiene su dependencia del recorrido y por tanto interés en que las cosas no cambien). Esperaba más foco en la experimentación que es con la que me entretengo últimamente (por eso, probablemente, se ha convertido en un sesgo para mí).

  2. Tienes toda la razón en que no podemos estar hablando de que la dieta normal no es de fiar pero luego nos tenemos que referir a la ingesta normal. Hay un cierto mismatch entre ambas afirmaciones 🙂

    Y sí, Isabel, la bici es una maravilla. Yo la echo mucho de menos 🙂

    1. Le faltaba este punto de valentía a la charla, de reconocer que hasta los nutricionistas profesionales tienen dudas y llegan a un punto donde lo único que les queda es la experimentación conjunta con su cliente.

  3. Qué pesados los nutriólogos del “gremio” con su cruzada contra las “dietas milagro”. Verdaderamente tienen mucho interés en demonizar programas como el del Dr Dukan. Una lástima, porque es un método con de alta eficacia y con muchos elementos muy positivos. La etapa desequilibrada dura relativamente poco (2 meses de solo proteína y verduras es mucho menos nocivo que 20 años con obesidad), se pasa la mayor parte de la dieta con una ingesta equilibrada que sí incluye pan, fruta e incluso queso y carnes grasas, se da la mal llamada “reeducación” (difícil es ver a un ex dukaniano exitoso echando mano del azúcar o excediéndose con la sal al cocinar), es parte del método hacer ejercicio… y encima es una dieta “hacker” y barata. No pagas chiringos tipo Naturhouse, haces el control médico con tu médico de cabecera, no tienes que gastar en potingues o polvos o cosas de esas, solamente inviertes en lo que comes, alimentos frescos… y vaya que si se aprende primero a amar a las verduras, y después a cocinar!!!!

    1. Seguro que lo que temen es el «intrusismo», una palabra sofisticada para el miedo a que otro lo haga mejor.

      No conozco la dieta Dukan pero que sea accesible a quien se quiera curar a sí mismo a bajo coste, me parece un mérito. El resto (si funciona, cuáles son sus puntos fuertes, cuáles los débiles) lo dirán los que lo prueben basado en sus propias observaciones y chequeos médicos.

      Yo tampoco echo mano del azúcar desde que sé que eliminándolo es más probable evitar la diabetes tipo B, del que hay dos casos entre mis abuelas. Y no considero que me hayan reeducado 🙂 Es la prepotencia detrás de la «reeducación» que me molesta, podrían decir cambio de hábitos.

      1. Comprendo, Bianka, que no te guste “reeducación”, aunque me he topado con encontrado un término peor. En mi sector hay un proveedor que habla de “adiestramiento de pacientes”. Eso sí me pone los pelos de punta, más si cabe por ser zurda, pero la imagen que más evoca el término en mi imaginación es el de un pastor alemán reaccionando a gritos tipo “sit!”. (Supongo que se trata de una malísima traducción de algún término más neutro en inglés).

        1. Será «training», ¿no? Que esa persona se haya decantado por usar «adiestramiento», ¿qué dudas deja acerca de su desprecio de los pacientes? Pensará que los pacientes son pacientes para aguantarle a él.

    2. Me gusta el enfoque: ¿qué son dos meses de desequilibrio frente a 20 años de obesidad? Un médico naturista (médico real, aunque usaba homeopatía), ante mis observaciones sobre el abuso de vitaminas para las recomendaciones que me daba y adviertiéndole que me advertían sobre una “enfermedad” relacionada con ello me vino a decir lo mismo: ¿has visto a alguien que se haya muerto de exceso de vitamina c? Pues entre eso y mis problemas digestivos… Lo cierto es que, seguramente, no hay nada neutro, y que nos vienen a hablar de efectos de alimentos aislados pero sin poner todo el contexto. Soy ignorante en todo caso. Pero comparto plenamente el uso y abuso del peligro como forma de paternalismo y de arrebatarte el riesgo del destino, que lo tiene.

      1. Ese paternalismo no deja de ser marketing de miedo ¿no? Asumir el riesgo del destino es parte de hacerse adulto e incompatible con «ser educado».

        Quizá no viene al caso, pero filosóficamente hablando, el desequilibrio es parte necesaria de cualquier cambio.

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