Relaciones sociales y escala

Agentes de comunicación de masas de todo el mundo están encontrando maneras de escalar lo inescalable: las relaciones. Por el camino se pierden, de forma inadvertida, las relaciones. Podemos hacer como si no se perdieran y leernos la publicación Social@Scale. O podemos pasar directamente a la página 42 de dicho libro para una pista sobre qué hacer para respetarlas.

Irony and humor have always been humanity’s primary tools in creatively engaging contradictory realities. The alternative is a dystopian nightmare of unacknowledged, or worse, unrecognized theatricality that will ultimately only make the relationship, and the entities on both sides of it, stupider and poorer in every way. Just as “wrestling” is fun when everybody conspiratorially shares in the fiction that it is real, but tragic, dehumanizing and infantilizing when grown-ups don’t realize it is a show, Social@Scale will need to rely, ultimately, on crafting creatively ironic relationships with customers.

Ya ven, ironía y humor. Están ustedes invitados a leer el mejor manifiesto escrito desde el Cluetrain y hasta a revisitar el Cluetrain.

El Creative Commons es para abogados

No era consciente de lo común que es el mal uso de las licencias Creative Commons. Creo que, si queremos que los usuarios no tengan que romperse la cabeza con preguntas del tipo «¿y si lo utiliza una empresa para ponerlo en su web?», el mal uso habría que buscarlo no en el lado de los usuarios sino en el del que elige la licencia. Pero resulta que a las personas que no son abogados les cuesta entender las diferencias entre las distintas licencias y sus consecuencias, y eligen mal más veces de las que eligen bien. Quizá el fallo esté en el sistema de licencias y no en las personas.

Enlaces de la semana (5)

Tras tres semanas de pausa –cuyo resultado son tres borradores autogenerados gracias al plugin de RSS Digest y que se quedarán como borradores–, vuelvo al ataque con los enlaces de la semana.

Es liberador volver al blog.

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Comercio justo, calidad y la máquina certificadora

Chocolate El Ceibo

Certificados como Fair Trade, Organic y los otros han aprovechado esto para lamentablemente convertirse en negocios que cada vez necesitan más dinero para alimentar la maquina certificadora.

Casi nada de lo que paga el consumidor llega al productor y sobre todo estos certificados nunca incluyeron (hasta ahora ) el criterio de calidad en la lista de los criterios que piden a los productores respetar.

Es decir, son un grupo de chocolates mediocres (a parte de pocas excepciones) y que no proporcionan un gran cambio en la vida de los productores pero sí, sobre todo, en la vida de la organización certificadora.

[…] Los productores que producen cacao de calidad lo venderán con plus sobre el precio del mercado 2 a 4 veces más altos que el plus Fair Trade u Organic asi que hay mercado para la calidad.

Desde fuera a menudo es difícil evaluar la realidad detrás de las certificaciones. Siempre es de agradecer cuando alguien desde dentro, en este caso la agrónoma Chloe Doutre-Roussel, vierte luz sobre el asunto.

Coursera y la evaluación por pares

Parece que la evaluación por pares en los cursos de Coursera, uno de los fundamentos de su pedagogía, deja mucho que desear. Al leer sobre los problemas concretos que han surgido hasta ahora, he pensado lo mucho que podrían aprender de Stack Exchange y su sistema de reputación para aumentar el valor de las respuestas y los comentarios. Eso sí, probablemente haría falta renunciar a la plataforma cerrada (y al anonimato, me temo) pues los cursos, como duran sólo unos meses, no ofrecen un marco de tiempo suficiente para articular un sistema de reputación propio.

Enlaces de la semana – 4

Patentes al desnudo

Resumo lo más interesante de mis lecturas de la semana (casi todas) por cuarta semana consecutiva, esta vez acompañada de otra tira que desnuda la propiedad intelectual.

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Traducir entre 6 millones de lenguas

c3po y Jabba

En posts anteriores sobre trabajo mecánico y trabajo creativo, hablábamos de que muchas tareas mecánicas de profesiones como abogado o radiólogo serán sustituidas por máquinas. Ahora los economistas de Race Against the Machine hablan de la automatización de la traducción. ¿Cómo no acordarse de C3PO que traducía entre 6 millones de lenguas? Yo querría tener un droid así. Porque, además, parece que las máquinas más inteligentes implican más trabajo, y no menos, para humanos, con tareas más inteligentes, en todos los sentidos.

Enlaces de la semana – 3

La edición de esta tercera entrega de la recopilación de mis lecturas de la semana me ha llevado menos tiempo que las anteriores. El motivo está en el primer punto.

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Los límites del conductismo

Las capas debajo de la conducta

En la última presentación de Niels Pflaeging sobre «qué hacer para que el trabajo vuelva a funcionar» encontré esta gráfica, de Jurgen Appelo. Muestra, a modo de capas de cebolla, lo que hay debajo del comportamiento. La naturaleza proporciona el core y es la parte más estable — es la responsable que todos los días comamos y durmamos, por ejemplo. Los motivos son características bastante estables a lo largo del tiempo, aunque me cuesta distinguirlos de las preferencias, que son lo que encontramos en muchos tests de personalidad, y que parece que cambian con más facilidad que los motivos en función del entorno, los retos y los objetivos personales. Motivos y preferencias influyen en el interés en desarrollar competencias. Los tres juntos moldean el comportamiento.

La gráfica está genial porque muestra que el comportamiento es el resultado de un movimiento de dentro hacia fuera. Para yoguis: desde los huesos a la piel. La «causa del movimiento», el motivo, está en las capas interiores.

Pero lo observable es el comportamiento. Con detenimiento se pueden describir las competencias y hasta las preferencias de las personas pero lo cierto es que, sin reflexión y atención consciente, ni siguiera somos conscientes de nuestras propias preferencias, por no hablar de las causas verdaderas de nuestras decisiones. Las de otra persona a menudo son un misterio. Sin embargo, sin llegar a las capas interiores, sin reflexionar, es imposible lograr cambios más allá de los superficiales. Cambios necesarios para aprender, innovar o alinear objetivos (¿se han fijado lo poco que se distingue la palabra «alinear» de «alienar»?).

El conductismo es muy popular en los ámbitos del marketing, la educación, el desarrollo profesional y la organización del trabajo porque se centra en lo fácilmente observable — el comportamiento. Y conforme se hace posible una observación aun más precisa del mismo —midiendo clics, interacciones, descargas, registros, tiempos, horas de conexión— se hará aun más popular debido al sesgo de disponibilidad. Y en muchos casos servirá bien a los fines. Pero ojo con sacar conclusiones sobre causas y motivos o pretender influir en ellos tan sólo en base a observar el comportamiento, pues el movimiento es, como hemos visto, de dentro hacia fuera.

Números alrededor del contenedor

Contenedor

En persona sólo vi el de Oporto. En pantalla, el de Baltimore en The Wire. Un «liviano éxtasis incomprensible» me parece una buena descripción de lo que uno siente ante un puerto de contenedores. Pero también impresiona, aunque más por medio de la razón que del instinto, conocer los números que hay detrás de la innovación que supuso el transporte de mercancías en base a contenedores. De suponer un 25% del coste de la mercancía que se vendía fuera del mercado local, ahora es un gasto casi ni a tener en cuenta.

Pero mejor que hablen los números, extraídos de una reseña en Ribbonfarm del libro de Marc Levinson que cuenta la historia de la caja.

Viaje de 1954 del S. S. Warrior, un buque de carga tipo C-2. La carga: 74.903 maletas, 71.726 cartones, 24.0336 bolsas, 10.671 cajas, 2.880 bultos, 2.877 paquetes, 2.634 piezas, 1.538 bidones, 888 cubos, 815 barriles, 53 vehículos con rueda, 21 cajones, 10 transportadores, 5 carretes y 1.525 “indefinidos”. Esto hace un total de 194.582 piezas, cada una de las cuales necesitaba manipulación manual. El total era de 5.095 toneladas. En contraste, el gigantesco MSC Daniela, que hizo su viaje inaugural en 2009, lleva 13.800 contenedores, con un peso de 165.000 toneladas. Una mejora por 30 en tonelaje y una reducción por 15 del número de piezas.

Un buen ejemplo, por cierto, de que hace tiempo que el trabajo mecánico es para las máquinas.

Foto | ecstaticist