The key is to ‘hunt’ not ‘gather’ lessons, apply them rigorously—and only when you have made a change have you really learned a lesson. And it applies to everyone … It is Whole Army business.
— Teniente General Paul Newton
Según este post de un consultor en gestión del conocimiento en grandes organizaciones, sólo los militares aplican el nivel más alto de «aprender de las lecciones» que consiste en cazarlas, —y no en recogerlas a posteriori— y de incorporarlas a la ADN de la organización.
«Cuando entro en la Catedral de St. Patrick… aquí en Nueva York, me envuelve un sentimiento de reverencia,» dijo Wallace, sacando un cigarrillo a golpecitos. El viejo miró a Wallace. «¿Seguro que no es un complejo de inferioridad?»
«¿Porque el edificio es grande y yo pequeño, quiere decir?»
«Sí.»
«Creo que no.»
«Espero que no.»
«Usted no siente nada cuando entra en St. Patrick?»
«Pesar,» dijo Wright sin un momento de pausa, «porque no es algo que realmente represente el espíritu de independencia y de soberanía de la persona que yo creo que deberían representar nuestros edificios dedicados a la cultura.»
Lo anterior es una conversación entre Frank Lloyd Wright y un periodista, citado por John Medina en Brain Rules. ¿Les apetece ver qué edificios diseñó este señor? Aquí tienen algunos.
Museo Guggenheim de Nueva YorkRussell Kraus HouseClinton Walker Residence
Hace poco me pegué un madrugón tremendo y crucé media ciudad para luego permitir que me corten y me hagan una herida que tarda en curarse más de un mes. ¿Suena a aventura masoquista? Era una prueba médica.
El resultado me lo darán a mí para que lo consulte con quien quiera. No tengo certeza pero supongo que estará hecho según unos estándares que permiten que cualquier especialista lo pueda interpretar. Lo contrario sería un lock-in y me crearía una dependencia de un sólo proveedor de servicios médicos. Decidirme por otro supondría un nuevo madrugón, un nuevo viaje…
Se trataba de una estándar que permitiera exportar de las plataformas centralizadas de «redes sociales», todos mis datos de atención: mis conexiones, conversaciones, etiquetas, clics, páginas vistas etc. Poder conocer, disponer de estos datos y poder llevarlos a otro sitio. Lo contrario es empezar desde cero una y otra vez. Un nuevo madrugón, un nuevo viaje…
A través de los organizadores del curso sobre analítica en el aprendizaje LAK12 me ha llegado noticia sobre una acción formativa online simpática: un festival de 48 horas y situado en tres continentes sobre los futuros de la formación online. El festival consistirá en 12 sesiones de 3 horas, cada una con una ponencia al comienzo, seguida por un debate. Creo que me conectaré a alguna. De entrada, hablar sobre los futuros de la formación online en un festival online y gratuito me parece simpático.
Sí me resulta interesante conocer el contexto en que aparece la expresión y ahí parece que Peter Drucker (Pedro Impresor en español) tuvo un cierto protagonismo. En su biografía, lectura que recomiendo, me ha llamado la atención su año de aprendiz en una compañía comercial de Hamburgo, especializada en la exportación de algodón.
«We learned nothing, absolutely nothing. It was terribly boring.» Yet he does not consider his time in Hamburg a lost year: «I read a lot – novels and history, especially nineteenth century. Also a lot of English, French, Spanish, and Italian literature.»
Corría el año 1927 y la falta de atención que prestaron al aprendiz podríamos achacarlo a que no eran todavía tiempos del trabajador del conocimiento. Pero sería cándido por nuestra parte. Hoy en día —en la sociedad del conocimiento— sigue habiendo muchas empresas que no prestan suficiente atención a los aprendices. La gestión del trabajo del conocimiento, a la que Drucker al parecer dedicó su vida, sigue siendo un reto.
¿Cuál es el mensaje positivo de la cita de antes? Que pese al aburrimiento en las prácticas, supo aprovechar la estancia para aprender, a través de la lectura. Más adelante, tendría ocasión de sobra para aprender haciendo e interactuando.
En la última sesión en vivo del curso sobre analítica del aprendizaje, alguien mencionó el Efecto Hawthorne. Éste consiste, grosso modo, en que las personas, si nos sabemos observadas, inevitablemente modificamos nuestro comportamiento. Somos así de sociales, en cuanto aparece otro, reaccionamos.
El Efecto Hawthorne se llama así a raíz de un experimento de los años 30 del siglo pasado, en la fábrica Hawthorne Works, a las afueras de Chicago. Consistió en observar qué efecto tenía en la productividad de los trabajadores aumentar o reducir la iluminación. Resultó que ambas cosas tenían el mismo efecto, pero que éste no se debió a los cambios en la iluminación sino al hecho de que las personas se sabían observadas.
Hawthorne Works
El Efecto Hawthorne ocurre, por tanto, ahora mismo que escribo este post, sabiendo que ustedes lo leerán.
Para la analítica del aprendizaje es relevante en cuanto que las mediciones que posibilitan los entornos digitales, mucho más amplias que las que son posibles en el mundo físico, inevitablemente modificarán el comportamiento de los estudiantes. De hecho, es uno de los beneficios de la analítica: proporcionar evidencias para la autoreflexión, como parte fundamental del proceso de aprendizaje. La modificación del comportamiento bajo el efecto Hawthorne es deseable porque va vinculado al aprendizaje.
Los problemas surgen cuando una falta de transparencia impide que ocurra el Efecto Hawthorne. Cuando las personas son observadas sin la posibilidad de saberse observadas. Me resulta difícil imaginarme cualquier situación en que esto pueda ser realmente deseable. Mucho menos en el ámbito educativo. Sin embargo, si es un tema en un curso sobre analítica del aprendizaje, podemos suponer que está ocurriendo o puede ocurrir. O las dos cosas.
La tienda online Target consideró que era deseable desarrollar, a base de las trazas que las personas dejaban con sus compras, un algoritmo predictivo de embarazo que les permitía empezar a enviar ofertas específicas a embarazadas en su segundo trimestre y, así, aumentar sus ventas.
Una analogía en el campo educativo podría ser una universidad que desarrolla un algoritmo para predecir la probabilidad de abandono de la carrera, para intervenir a tiempo y así evitar la pérdida de ingresos por matrícula. Para complicar las cosas aun más, en ambos casos podría haber interés en vender los derechos de uso del algoritmo.
Tanto para la tienda online como para esa hipotética universidad, el Efecto Hawthorne sería un estorbo. Estamos ya lejos de las relaciones de confianza que requiere el proceso de aprendizaje. Hemos entrado en el terreno del control y las violaciones de la privacidad y éste supone, en el ámbito educativo, peligros parecidos que en cualquier otro ámbito de la vida.
En servidores enormes, en edificios por todo el mundo, están todos los libros. Los tiene Archive.org. Los tiene Google. Los tiene Hathi. Y están añadiendo libros nuevos todos los días. Pero en lugar de poder tenerlos en tu dispositivo, usando la tecnología contemporánea, aún tienes que buscar como un tonto, dónde adquirir legalmente una versión digital, en el formato que tu lector de libro electrónico sea capaz de cargar, con derechos más reducidos que del libro físico, aunque por más o menos el mismo precio: poder marcarlo, prestarlo, regalarlo o venderlo. En otras palabras, tienes que esperar hasta que el barco se hunda de verdad y la literatura, las bibliotecas, la academia y la lectura desembarquen por fin en el siglo XXI.
Es de esperar que el uso de la analítica suponga, cada vez más, una ventaja competitiva en el ámbito del aprendizaje y de la innovación. Por un lado, permite que las personas tengan mejores bases (evidencias) para la autoreflexión. Por otro lado, permite que las organizaciones tomen mejores decisiones sobre la generación de conocimiento.
De la mano de las nuevas oportunidades que abre la analítica —oportunidades de aprender mejor, pero también oportunidades de generar rentas—, surgen los riesgos habituales asociados a la centralización de la información: plataformas cerradas que crean dependencias a usuarios u organizaciones enteras y, en el peor de los casos, dejan a la persona, de cuyo aprendizaje se trata, fuera del valioso bucle de retroalimentación. Digo valioso porque es ahí donde ocurre gran parte del aprendizaje.
La contradicción entre el hecho de que en el mundo red, lo deseable es que las personas tengan actitud de propietario respecto a su aprendizaje —asumiendo la mayor parte de la responsabilidad— y la creación de dependencias y bucles de retroalimentación que les dejan fuera, es evidente.
Podría darse el caso de que, con la excusa de una mejora, lo que se consiga sea un entorpecimiento del aprendizaje por dejar fuera a los protagonistas: las personas. Tanto más fácil cuanto más lejos estén los accionistas de los proveedores de plataformas y soluciones de analítica, de los usuarios. Y, para qué nos vamos a engañar, lo normal es que estén lejos.
¿Cuál es el rol del profesor en el aprendizaje en red? Es una de las preguntas a responder al enfocar el aprendizaje en el siglo XXI. La respuesta que dan desde el conectivismo es que la noción del profesor resulta extraño si concebimos el mundo como red. Lo que cabe es el ejemplo, nodos —temporalmente— más fuertes y mejor conectados que otros. El ejemplo es, en mi opinión personal, lo que mejor ha funcionado siempre como «método pedagógico». Permite centrarnos no tanto en que alguien enseña o que alguien otro aprende, sino en la construcción conjunta de saberes. Permite que más Aes contraten a Aes y que a los Bes no les queden tantos Ces.