Los futuros en la agricultura y la ganadería

«Si aún así la gente decide entrar en este negocio, lo hace en parte porque le gusta el modo de vida», afirma la voz que representa un millón de jóvenes agricultores en Europa.

Mientras la voz lo dice para convencer a las instituciones europeas de la necesidad de un mayor apoyo público a los «jóvenes» del sector, yo, al margen, pienso que no nos podría pasar nada mejor que la gente entre en el negocio porque le gusta el modo de vida y no porque la Unión Europea les protege. Porque si les gusta, encontrarán el modo de vivir de ello, no hay más que ponerse a hablar con algunos para verlo.

El vacuno argentino será una nueva competencia para las carnes que vende Leticia pero, al mismo tiempo, el comercio será mucho más que una guerra de precios, habrá clientes de sobra para los que cuiden la receta del garum, sean más grandes o más pequeños, y hasta puede ser que Leticia empiece a vender cortes argentinos o asesorar sobre ganadería ecológica en Uruguay.

Charter cities, ¿interacción o participación?

Un espacio público y horizontal de debate donde las vecinas y vecinos podemos participar de la toma de decisiones sobre los temas que nos afectan en la vida política, de forma activa, como ciudadanos y ciudadanas sin que importen tendencias políticas o ideologías.

Me imagino no era su intención pero nada mejor que esta frase para demostrar el significado de la palabra participar: por mucho que se diga que no importa la ideología, eso de «las vecinas y vecinos» no deja lugar a dudas respecto a en qué (ideología) te invitan a participar: el nacionalismo. Y no pasa nada, la ideología, o sea los valores, son necesarios para construir. La cuestión es para qué y para quién sirve en este caso decir que no lo son.

Me imagino que los indignados y los jóvenes sin futuro pasarían de irse a una charter city, una ciudad que se construye a base de un terreno no habitado, una constitución (un charter) y muchas-muchas empresas y personas inmigrantes que quieran vivir según esa constitución. Sin embargo, acabé por relacionar las dos cosas porque me pregunto hasta qué punto la charter city permitirá ir más allá de la participación y, por ende, de (un nuevo tipo de) nacionalismo. ¿Será un marco adecuado para nuevas formas de organización social? ¿Competirá, por ejemplos, con proyectos como seasteading?

La pregunta surge desde el primer momento, puesto que ocupar un terreno no habitado supone que un estado se lo tenga que ceder a los promotores. En el caso de Honduras, el primer estado que promoverá la creación de una charter city en su territorio, «se pretende que el Congreso Nacional apruebe que una pequeña porción del territorio nacional se seleccione a efecto de crear un polo de progreso y bienestar».

Respecto a la constitución, la pregunta natural es quién lo escribe, la mirada de quién se materializa en ella. Crear una constitución a partir de la interacción requiere mucho tiempo y más aún si se trata de millones de personas. De ahí que no sorprenda que según Paul Romer, el creador del concepto de charter city, será deseable que la constitución nazca a partir de un consorcio de estados-nación. Como ejemplo pone la Bahía de Guantánamo en Cuba, que podría ser gobernado, según él y como ejemplo, por un consorcio establecido por Brasil, Canadá y España. El en caso real de Honduras, por un lado tenemos el interés hondureño, es decir, «la ciudad tendrá su propia administración, pero dependiente del Gobierno Nacional, o sea; contará con un gobernador de nacionalidad hondureña quien dirigirá o administrará esa área o zona del territorio, y el mismo será seleccionado por el presidente constitucional de la república que se encuentre de turno». Por otro lado, aunque Romer no lo mencione en su segunda charla, sabemos que de la parte económica de la constitución se encargarán Singapur y Corea del Sur mientras la parte política, el aseguramiento del orden democrático, correrá a cargo de Suiza.

El tercer pilar del modelo es la lógica opt-in: cualquier empresa y persona que quiera vivir en el marco definido por la constitución podrá ir a vivir a esa ciudad. Esta característica se basa en el hecho de que la migración es el modo más rápido de salir de la pobreza y su objetivo es aumentar las oportunidades de las empresas y personas que quieran migrar. El sueño de Romer es que haya cientos de ciudades charter por todo el planeta compitiendo entre sí para atraer empresas y personas. ¡Un gran sueño!

En este sentido, el modelo es globalista y puede pensarse como una especie de deconstrucción, por parte de los propios estados que se enfrentan a la imparable descomposición de su sistema, del modelo en el cual el mundo está dividido en unidades de estados-nación para construir uno en el cual las unidades son ciudades. La pregunta es hasta qué punto esa destrucción podrá ser creativa, es decir, si podrá poner las personas primero para que la participación pueda evolucionar hacia la interacción, dejando así el cambio programado dentro de la lógica misma del modelo.

¿Debería importar la cultura nacional?

El mensaje más importante del libro de Tyler Cowen que comenté el otro día, es que la integración de mercados, el comercio global, es decir, lo que solemos llamar globalización, tiene un efecto homogeneizador en el conjunto de la sociedad, al mismo tiempo que aumenta la diversidad a nivel de las personas. Los individuos sólo pueden ser cada vez más diversos si las sociedades en las que viven se vuelven cada vez más parecidos. Esto puede tener como consecuencia que tribus indígenas dejen de fabricar artesanía porque, de repente, cada uno de los miembros de la tribu tiene muchas más posibilidades para ganarse la vida lo que, a su vez, reduce la oferta de artesanía indígena. Sin embargo, esta aparente paradoja se disipa, si admitimos que negar las nuevas posibilidades a los miembros de la tribu es difícilmente defendible.

La crítica de que la globalización destruye la diversidad se basa en una concepción colectivista de la misma, en pensar que la diversidad es deseable si se da entre sociedades, al modo del multiculturalismo y no dentro de sociedades, a modo de mestizaje. La frase «American culture threatens Parisian hegemony over the provinces» expresa muy bien de lo que se trata.

Es de ahí que surge el planteo de Cowen de si debería importar la cultura nacional, y lo responde definiendo la cultura como «un producto sintético de la interacción voluntaria entre personas libres». La cultura no ha de buscarse, por tanto, ligada a conceptos como el conjunto de las sociedad, la nación, ni ninguna otra >comunidad imaginada, sino donde haya personas libres que interactúan.

Podría parecer que es, entre muchos otros y muy diversos incentivos, la búsqueda de esa noción de cultura que está llevando estos días a tanta gente a Sol pidiendo, entre otros, el «derecho a la cultura». Cabe, por tanto, preguntarse si acaso no saben que para eso no vale pedir al Estado mejores papás. Todos ellos podrían practicar ser personas libres «ya», tienen la suerte de vivir, recordando a Tyler, en una sociedad suficientemente homogénea para que aflore el mar de flores de la diversidad, podrían interactuar voluntariamente y más allá de la agenda pública y, por tanto, podrían crear su propia cultura.

En las Bodegas Payva

Una afortunada y furtiva escapada nos ha llevado a una bodega de los del Ribera del Guadiana. El dueño nos la ha enseñado a tres indianos, informales y pasados por agua, pese a no haber pedido cita previa. Exporta a media docena de países europeos y Estados Unidos, pero también a México, China, Vietnam y Brasil. Fue a vender a todos estos lugares. Como tantos otros, quedó impresionado en especial en China. No tarda en sacar una conclusión para su entorno: lo que queda es reinventarse y trabajar más.

Destrucción creativa de antiguas identidades todoabarcadoras

En su libro Creative destruction: How Globalization Is Changing the World’s Cultures, Tyler Cowen describe el nacimiento de las redes identitarias transnacionales de la mano del comercio global, con ejemplos que van desde la música hasta la artesanía.

Otro de los ejemplos que trae es el «ethnic revival», el resurgimiento de culturas pequeñas, como las indígenas o las ligadas a idiomas como el galés, el yiddish o el vasco. Si bien pueden parecerse al nacionalismo, en realidad no se trata de un agarramiento a antiguas identidades todoabarcadoras y ligadas al territorio, ni de sus versiones imaginada como el nacionalismo, sino de lo que Cowen llama «narrow ethoses», identidades capaces de convivir con otras en una misma persona, generando pertenencias múltiples. Son identidades que cubren ámbitos selectos y cuidadosamente elegidos de la vida y para ello se alimentan de antiguas identidades ligadas al territorio, no para volver a ellas sino para transformarlas en algo nuevo, haciendo uso de Internet y las redes distribuidas. Un ejemplo cercano podría ser la transformación del elemento emprendedor de la antigua identidad vasca en la identidad representada por la red transnacional de los Basques, la cual forma parte de la identidad múltiple y diversa de muchas personas dispersas por el mundo, no porque su abuelo era vasco sino porque les aporta valor y lo eligen.

Imposible no darse cuenta de que este paseo por el libro de Cowen y la destrucción creativa de antiguas identidades todoabarcadoras —hoy en día seriamente limitadoras— nos lleva a revisitar, una vez más, los conceptos Caparazón y Esqueleto.

Taxista secuestra pasajera en Montevideo

El taxista pasó delante de la chica que estaba intentando parar un taxi en la esquina de Luis Alberto Herrera con Ramón Estomba, cuando de repente se lo pensó y dio un frenazo limpio seguido de una rápida marcha atrás. Él estaba de camino a dejar unas revistas en un almacén, y ella iba al aeropuerto. Como el almacén estaba medio de camino a Carrasco, pensó que la podía llevar consigo y así se daban conversación. La chica al principio no entendía el trato pero cuando captó que de ese modo no sólo iba a disfrutar de un rato charlando sino también dar un paseo gratis por partes desconocidas de la ciudad, le pareció irrechazable. De que fuera realmente un win-win, sólo se quedó convencida al llegar al aeropuerto.

Barreras comerciales

«¿No es necesario detener lo que, de otra manera, sería una inundación de productos extranjeros baratos, bajo la cual nuestra industria nacional se ahogaría? No, no lo es. Estados Unidos debería producir bienes y servicios no preguntándose lo que puede producir más barato que China, sino concentrándose en aquello que mejor hace. (…) las barreras comerciales (ya se trate de subvencionar a nuestros agricultores, de normas para la industria textil o de gravámenes sobre los televisores) perjudican tanto a los chinos como a nosotros. No importa si los chinos realmente son mejores que nosotros fabricando cualquier cosa: ellos deberían limitarse a producir todo aquello que su economía produce de una manera más eficiente. Mientras tanto, nosotros, a pesar de que, aparentemente, somos peores en todo, deberíamos limitarnos a producir aquello en lo que somos menos malos.

(…)

Las barreras comerciales siempre provocarán más daños que beneficios, no sólo al país contra el cual se levantan estas barreras, sino también al país que las levanta. No importa si otros países eligen imponerse restricciones a sí mismos, nuestra situación es mejor sin ellas.»

Tim Harford: El economista camuflado

Moka puro

Terminado el primer libro de Tim Harford, que recibí de regalo de cumpleaños este año después de que, hace cuatro, se lo regalara a un amigo sin haberlo leído, me he quedado pensando largo rato sobre el café, preguntándome por qué El Palacio del Café en Montevideo lo puede vender al doble de precio que lo hace Cafés Pozo o La Mexicana en Madrid.

En dicho libro he leído, por un lado, que en el mercado mundial del café nadie tiene poder de escasez —se produce demasiado café— y, por otro lado, que el café sin procesar se encuentra relativamente libre de aranceles —los países en los que más se consume no pueden producirlo, ergo no ponen barreras—.

Parece entonces, que el porqué de los 300 pesos el kilo del café rico y recién molido en Montevideo, se han de buscar en otra parte. Según el libro, debo insistir en comprender los patrones de escasez que hacen que el café bueno, tostado natural, en Montevideo cueste el doble que en Madrid.

Y es cuando caigo en que el nicho del café gourmet, un mercado pequeño pero en crecimiento, en Montevideo lo ocupa un sola tienda. La que lo vende a 300 pesos el kilo.

Para no demorarme más, lo importante, a corto plazo: sin quitarle encanto y virtudes al mate, que los tiene, y muchos, ¡volvemos a tener café bueno en Escardó!

Generación artificial de escasez: el mercado sueco de cervezas

«Un grupo de doce funcionarios suecos, expertos en cerveza, efectuaron la selección a través de una cata ciega, sin conocer el origen ni, por supuesto, el fabricante.» El resultado de tal escenificación de la generación artificial de escasez fue la elección de la cerveza que representará la categoría latina de cervezas en las 430 tiendas controladas por el gobierno de Suecia.

Emprendimientos vinculados a las Escuelas Técnicas de Uruguay

Durante nuestras primeras dos semanas en Uruguay hemos descubierto el potencial de la Red Emprender a través de las personas que la promueven. Esta red apoya a lo que acá en Uruguay han venido a llamar «emprendimientos dinámicos» (potencial de crecimiento rápido y de exportación, unida a la posibilidad de convertirse, al menos, en empresa mediana) y centra su actividad en la élite, en el sentido de que está principalmente en la capital, Montevideo, y está articulada por universidades en un lugar donde sólo el 3% de la población llega a la universidad. Como siempre, hay excepciones que confirman la regla, ya que la Universidad de la República enfoca sus servicios de modo que sea fácil que se incorporen personas sin estudios universitarios.

También conocimos las actividades de Ashoka Uruguay, que opera en el ámbito del las «empresas sociales». Para éstas, de paso, he pensado una nueva definición: empresas que ofrecen servicios a comunidades imaginadas por el estado pero a los que el estado no logra llegar a través de la administración pública de ahí que los apoya ya sea directamente ya a través de organizaciones internacionales, aunque siempre con una cantidad menor de lo que le costaría proveer el servicio mediante su propia estructuras.

Ahora, a través del periódico La Diaria (cuyo administrador es, por cierto, un Ashoka Fellow) conocemos el apoyo al emprendizaje que no es ni «dinámico» ni «social» en el sentido Ashoka, sino es lo que podríamos denominar «de base» o artesano y que está ligado a las Escuelas Técnicas, antes llamadas Universidades de Trabajo. Es el tipo de emprendimiento que cubre, por ejemplo, la necesidad —algo que nosotros detectamos nada más aterrizar en Montevideo— de productos para celíacos.

El programa lo promueven la CND y la ANII —la primera presente también en la Red Emprender— más el Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP) y la Dirección Nacional de Artesanías, Pequeñas y Medianas Empresas (Dinapyme). Es una especie de preincubación en cinco etapas: (1) difusión en todas las Escuelas Técnicas, (2) capacitación mediante talleres para elaborar un plan de negocios, (3) elaboración del proyecto (4) evaluación de la propuesta técnica, la viabilidad económica y la capacidad de emprendimiento de los integrantes del equipo y su nivel de compromiso y (5) trabajo con tutores para el arranque del proyecto.

El programa está ligado a un concurso de premios anual, con las debilidades del rankismo pero útil para la difusión ya que dio origen a la noticia en La Diaria.

El grupo de los últimos premiados comprende un cafetería que vende dulces caseros —cuyas fundadoras aspiran a sumar a sus propias madres en la fabricación de panes, tortas y empanadas—, dos locales de venta de productos para celíacos, un vivero de especies autóctonas que una estudiante ha montado en su propia casa y del cual dice «que si no alcanzaba para ganar plata por lo menos podía ayudar, pero ahora veo que va a dar», una empresa de prevención de riesgos laborales, un taller de joyería artesanal de piedras, una empresa que comercializa una máquina envasadora y selladora integrada para grano húmedo y, finalmente, otra que comercializa lo que sus creadores describen como una “bicicleta fija de gimnasio que tiene adosado un sistema de poleas que lo que hacen es mover un generador que es un alternador y almacena la energía en una batería; después la energía pasa por un inversor que la pasa de 12 voltios continua a 220 alterna, que es la que hay en una casa» y aquí cabe recordar que en el interior de Uruguay todavía hay zonas sin electricidad.

Estos proyectos empresariales se diferencian de los de la Red Emprender en que no tienen un alto grado de componentes tecnológicos y tampoco un potencial de crecimiento y de exportación extraordinario. Se distinguen también de los proyectos de Ashoka ya que articulan productos y servicios claramente dirigidos a la comunidad real de los impulsores de cada proyecto, en lugar de estar enfocados a comunidades imaginadas abandonadas por el estado. Son el tipo de emprendimientos viables y llenos de sentido al que la mayoría de la población tiene acceso y que, mucho más que a universidades, están vinculadas a Escuelas Técnicas, a la formación profesional desprestigiada en la época industrial que, en mi opinión, puede convertirse, dada su relación directa con la producción, en potente motor de la cultura de emprendimiento en la era de las redes distribuidas y del conocimiento.