Después de argumentar que el sistema educativo no se puede reformar desde dentro, comparándolo a los dinosaurios abocados a extinguirse, Peter Grey describe su visión de una reforma educativa real. Va como sigue.
La tendencia de rechazar el sistema educativo convencional seguirá y se acelerará. Se acelerará porque con cada nueva persona que deja el sistema convencional, la decisión de hacer lo mismo parecerá menos rara para el resto. Somos criaturas de la conformidad, al menos la mayoría lo somos. Pocos nos atrevemos a comportarnos de un modo que le parezca anormal al resto. Pero conforme más y más personas dan la espalda al sistema, llegaremos al punto en que todo el mundo conocerá a una o más familias que han hecho esa elección, en que todo el mundo podrá ver que esa elección tiene como resultado niños más felices y sin perder oportunidades de prosperar en la vida cuando crezcan. Poco a poco, las personas cambiarán su actitud. «No es necesario pasar por el sistema educativo convencional. Puedes jugar, explorar, disfrutar de tu infancia y aprender por el camino.»
Las personas empezarán a comprender que tienen elección. ¿Qué elegirán, la escuela convencional donde se les dice lo que tienen que hacer, o la libertad? Qué han elegido siempre cuando comprenden que pueden elegir entre la libertad y la dictadura?
En algún momento de este proceso, se alcanzará un punto de inflexión. El número de personas que eligen la libertad para sus hijos será tan grande que ya no habrá suficiente demanda para la escuela convencional. En su lugar, surgirá demanda para parques seguros, talleres de aprendizaje, buenas bibliotecas, escuelas tipo Sudbury donde los niños puedes estar sin sus padres jugando y explorando, y otros centros de aprendizaje públicos que ofrecerán oportunidades valiosas para aprender sin que sea obligatorio. Costarán mucho menos que nuestras escuelas publicas. Es muy caro obligar a niños a estar en escuelas, por la misma razón por la que lo es guardar presos en prisiones.
Si lo piensan, lo cierto es que hacer algo porque es obligatorio no casa nada con la pasión, la creatividad y la iniciativa, los rasgos que hacen prosperar a las personas en el siglo 21.


