El fin de la educación obligatoria

Después de argumentar que el sistema educativo no se puede reformar desde dentro, comparándolo a los dinosaurios abocados a extinguirse, Peter Grey describe su visión de una reforma educativa real. Va como sigue.

La tendencia de rechazar el sistema educativo convencional seguirá y se acelerará. Se acelerará porque con cada nueva persona que deja el sistema convencional, la decisión de hacer lo mismo parecerá menos rara para el resto. Somos criaturas de la conformidad, al menos la mayoría lo somos. Pocos nos atrevemos a comportarnos de un modo que le parezca anormal al resto. Pero conforme más y más personas dan la espalda al sistema, llegaremos al punto en que todo el mundo conocerá a una o más familias que han hecho esa elección, en que todo el mundo podrá ver que esa elección tiene como resultado niños más felices y sin perder oportunidades de prosperar en la vida cuando crezcan. Poco a poco, las personas cambiarán su actitud. «No es necesario pasar por el sistema educativo convencional. Puedes jugar, explorar, disfrutar de tu infancia y aprender por el camino.»

Las personas empezarán a comprender que tienen elección. ¿Qué elegirán, la escuela convencional donde se les dice lo que tienen que hacer, o la libertad? Qué han elegido siempre cuando comprenden que pueden elegir entre la libertad y la dictadura?

En algún momento de este proceso, se alcanzará un punto de inflexión. El número de personas que eligen la libertad para sus hijos será tan grande que ya no habrá suficiente demanda para la escuela convencional. En su lugar, surgirá demanda para parques seguros, talleres de aprendizaje, buenas bibliotecas, escuelas tipo Sudbury donde los niños puedes estar sin sus padres jugando y explorando, y otros centros de aprendizaje públicos que ofrecerán oportunidades valiosas para aprender sin que sea obligatorio. Costarán mucho menos que nuestras escuelas publicas. Es muy caro obligar a niños a estar en escuelas, por la misma razón por la que lo es guardar presos en prisiones.

Si lo piensan, lo cierto es que hacer algo porque es obligatorio no casa nada con la pasión, la creatividad y la iniciativa, los rasgos que hacen prosperar a las personas en el siglo 21.

La empresa del siglo XXI

Pensar como un nodo de una red en lugar de un puesto en una jerarquía es el primer cambio mental hacia una empresa colaborativa. Cultivar la creatividad se ha convertido en una responsabilidad directiva. Los rasgos del trabajador industrial eran el intelecto, la diligencia y la obediencia. Los nuevos rasgos del trabajador colaborativo son la pasión, la creatividad y la iniciativa. Estos no son convertibles en mercancía. No es posible ser creativo a demanda. La empresa colaborativa requiere de jerarquías más flojas y redes más fuertes. (Harold Jarche)

En la empresa del siglo XXI no hay puestos de trabajo, no hay plazas. Esto va de comprender las redes, apoyar las redes, fortalecer las redes y modelar el aprendizaje en red.

El lugar de Khan Academy

Creo que el fenómeno de Khan Academy se entiende mejor si somos conscientes del lugar que ocupa en el proceso de aprendizaje. Sus vídeos y ejercicios están, principalmente, entre ese 10% del aprendizaje que se produce en entornos formales, como clases y cursos.

En este sentido, entiendo que suscite cierto escepticismo entre los educadores que también cubren ese 10% puesto que supone una competencia para ellos. El miedo de verse sustituidos por los vídeos estaría, entonces, relacionado con la inseguridad de no saber si pueden ofrecer algo más allá de explicaciones lineales. Los que sí saben ofrecer algo más, rápidamente vieron la oportunidad de liberar el tiempo de contacto de las explicaciones frontales y dedicarlo a trabajar alrededor de problemas. Estudiando con los vídeos en casa, como deberes, y aprovechando el tiempo en la escuela para interactuar.

Es ese tiempo liberado que se puede dedicar a la interacción y el aprendizaje basado en proyectos que es capaz de llegar más allá del 10%, haciendo que el aprendizaje formal ofrezca más que antes. De ese modo, se podría afirmar que se ha conseguido una mejora incorporando la tecnología a la educación, aunque esa mejora haya ocurrido por la vía oblicua y no la directa.

La visión de Khan Academy es crear «una gran clase global» (one global classroom). Si creara una sola clase para todos, sería empobrecedor. Pero si lo pensamos en términos de la destrucción creativa propia de la globalización, es decir, en aumentar la homogeneidad para construir sobre ella más diversidad, el balance será positivo. Y si el aumento de la homogeneidad es a través de buenas explicaciones lineales accesibles a más personas, la diversidad lo es a través de tutores capaces de crear experiencias: siendo ejemplos para los alumnos y ofreciéndoles contextos en los que aprender haciendo cosas y resolviendo problemas.

Aprender observando un ejemplo

No vale quejarse

Y pienso que quienes se desesperan por una televisión decente están perdiendo el tiempo cuando se pueden personalizar pero que muy bien lo que desean ver. Este es el momento en que alguien siempre dice que a todos nos gusta tirarnos en el sofá y hacer zapping porque no se quiere pensar y se descubre y tal y tal… pero entonces no vale quejarse: se renuncia a pensar con lo que no vale quejarse de lo que hay.

Gonzalo Martín sobre ver la tele y financiar nuevas produccciones de una manera proactiva.

El modelo de aprendizaje 70/20/10

Recuerdo que, siendo niño, a veces me quejaba ante los adultos de que me aburría. Al cuidar niños yo, también lo vi del lado opuesto y, efectivamente, los niños se quejaban de que se aburrían.

Ahora bien, hace muchísimos años que yo me aburrí la última vez. De hecho, no recuerdo cuándo. Creo estar en lo cierto al afirmar que cuando dejé de esperar que otros me sacaran del aburrimiento y empecé a preguntarme a mí misma ¿qué hago?, el aburrimiento desapareció por completo de mi vida.

El aprendizaje y el aburrimiento son mutuamente excluyentes. Sólo aprendemos si algo es relevante y tiene sentido. A falta de cosas que percibamos como relevantes y con sentido en nuestro entorno sentimos, por tanto, aburrimiento.

Hará unos seis o siete años que leí por primera vez que el 80% de lo que aprendemos, lo aprendemos por la vía informal, es decir, fuera de las clases del instituto y los cursos de la universidad. Me asombró esa cifra porque, en aquel entonces hacía poco que acababa de dedicar unos dieciseis años de mi vida precisamente a clases y cursos. Me asombró la cifra porque decía que el 80% de ese tiempo estuvo mal aprovechado. Esa cifra era la explicación del porqué del aburrimiento.

Como el último mes lo he mencionado dos veces, va siendo hora de explicar(me a mí misma) en este blog el modelo 70/20/10 de aprendizaje teorizado por Morgan McCall, Robert Eichinger y Michael Lombardo. La mejor definición breve la he encontrado aquí. En resumen se trata de que

  • El 70% del aprendizaje ocurre mientras hacemos cosas, en serio y en la vida real. Trabajando, realizando tareas, resolviendo problemas.
  • El 20% del aprendizaje ocurre mientras observamos otros que consideramos ejemplos. Por ejemplo, trabajando junto a alguien de quien pensamos que sabe mucho.
  • El 10% del aprendizaje ocurre en entornos formales de enseñanza y formación. En lo que conocemos como clases y cursos.

El modelo fue creado en el marco del aprendizaje de adultos. Existen, no obstante, argumentos para pensar que también aplica a niños a partir de los 10 años. De ahí que merece la pena tomar el serio aquello del aprendizaje basado en proyectos.

Y, en general, tomar en serio lo del 70% a la hora de pensar el aprendizaje, ponernos a aprender o ponernos a financiar programas para que otros aprendan.

El universo un viernes por la tarde

Hay una teoría que dice que si alguna vez alguien descubre para qué es el Universo y por qué está aquí, el Universo desaparecerá instantáneamente y será reemplazado por algo aún más raro e inexplicable. Hay otra teoría que dice que esto ya ha ocurrido. Douglas Adams, «El restaurante al final del Universo»

Ventana emergente «Consejo del día» al abrir GnuCash.

Certificados de profesionalidad

Es conocido que al menos el 70% de lo que las personas aprenden lo aprenden mediante la experiencia y la resolución de problemas en el día a día. Certificar este tipo de aprendizaje por parte del estado tiene sentido aunque cada vez será más importante la certificación realizada por el contexto: los pares que ya cuentan con reconocimiento y la comunidad formada por estos.

Ahora que los gestores de la FP se ponen a certificar competencias que las personas construyeron trabajando, se presenta una bonita ocasión para una investigación cualitativa sobre desarrollo de competencias. El proceso de certificación se podría aprovechar para recoger experiencias y testimonios sobre itinerarios profesionales tan reales e informales como la vida misma. Bien organizada, analizada y visualizada, esta información sería un valioso recurso para la orientación profesional, generando así un bucle de retroalimentación entre la realidad de los oficios, los futuros profesionales y sus tutores.

Cinco posturas para aprender a aprender

¿Se acuerdan de Bert de Coutere y el Homo Competens? Desde que me leí su libro, le cogí cariño y he seguido su trayectoria a través de su blog.

Sucede que ha cambiado de trabajo; se fue de IBM para trabajar en CCL, una organización transnacional de formación e investigación en liderazgo creativo. Con este paso ha puesto en práctica lo defendido en su libro: en la economía del conocimiento, la carrera profesional es una serie de minicarreras construida desde el deseo de las personas de desarrollar sus competencias y su habilidad de acceder a contextos para hacerlo.

Antes de irse de IBM, organizó una última charla inspirado en el last lecture de Randy Pausch. Aparte de confirmar que también en IBM a las personas les da palo sentarse en las primeras filas de la sala, la charla tiene algunas ideas que me resultan inspiradoras, quizá por bien visualizadas y por basarse en el hecho de que el cerebro humano funciona del mismo modo que hace miles y miles de años. Para aprender a aprender, lo primero es tener en cuenta las reglas del funcionamiento del cerebro.

Se trata de un dashboard con cinco barras que representan continuos de hábitos en los que Bert se limita a señalar la región del continuo que mejor funciona para el aprendizaje en la mayoría de las personas.

Los cinco hábitos los he llamado posturas en el título porque se me ocurre que su práctica se parece a la práctica de las posturas de yoga. Yo también tengo mis sesgos.

Esterillas de yoga

  1. En solitario — En compañía
    Sucede que la grandísima mayoría de las personas aprenden mejor interactuando con otros. Por eso, si proponemos aprender algo, tiene sentido contárselo a pares que no tardarán en compartir sus propias experiencias y recomendaciones.
  2. De seguido — A pasos
    Según la curva del olvido de Ebbinghaus, la región más adecuada para el aprendizaje en este continuo está más cerca al hábito de paso a paso. Se requiere volver una y otra vez a lo mismo para que el cerebro «quede cableado» con lo aprendido.
  3. Bocados — Buffet libre
    Para no atragantarse, es mejor dividir la materia a aprender en bocados pequeños. Ya saben, la regla de 10 minutos. Siguiendo la metáfora de las comidas, los bocados bien masticados hacen una mejor digestión.
  4. Teoría — Experiencia
    Aquí Bert recurre a otra regla: la del 70/20/10. Parece que el 70% del aprendizaje se produce a través de la experiencia y la resolución de problemas, el 20% mediante la observación y el 10% en actividades formales como clases. El 70% que corresponde a la experiencia requiere, además, del matiz de que se aprende al reflexionar sobre la experiencia y no de la experiencia sin más, de ahí la utilidad de los blog para el aprendizaje.
  5. En la zona de confort — Al agua
    Parece que el just do it funciona mejor que leer mil libros, hacer mil cursos y pensárselo mil veces, simplemente porque haciéndolo en serio prestamos más atención. Para ver cosas nuevas, hay que hacer cosas nuevas.