Los seis grados de separación: de la literatura a la ciencia

Foto de Frigyes KarinthySegún el concepto de los seis grados de separación, hoy popular gracias a las redes sociales online, cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona mediante una cadena de conocidos con no más de cinco intermediarios. Albert-László Barabási, profesor de física en la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU), afirma en su libro Linked que fue en un cuento del escritor húngaro Frigyes Karinthy, donde el concepto apareció por primera vez por escrito. El cuento se titula «Láncszemek» (Eslabones) y es del libro «Minden másképpen van» (Todo es distinto) editado en 1929 como el cuatrogésimo sexto libro del autor.

He aquí una traducción (no literaria) al español de un fragmento del cuento.

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Por lo demás, del debate se desarrolló un juego amigable. Para demostrar que los habitantes del planeta están mucho más cerca los unos a los otros que antes, desde todos los puntos de vista, uno de los miembros del grupo propuso una prueba. Señalen un individuo concreto cualquiera del billón y medio que habitan la Tierra, en cualquier punto de la Tierra – él apuesta que a través de un máximo de otros cinco individuos, de los que uno es conocido suyo, puede relacionarse con ese individuo, únicamente a base de conocidos directos del tipo «tú que conoces a X. Y., dile que hable con su conocido  Z. V.» etc.

– Esto lo quiero ver – dijo alguien -, pues, digamos… digamos Selma Lagerlöf.

– Selma Lagerlöf – dijo nuestro amigo -, nada más fácil.

Se lo pensó tan sólo durante dos segundos y ya lo tenía. Pues Selma Lagerlöf, como ganadora del Premio Nobel, es evidente que conoce personalmente al rey sueco Gustavo, ya que fue ése que, según las reglas, le entregó el Premio. Y resulta que el rey sueco Gustavo es un destacado jugador de tenis, participa en los torneos internacionales, jugó con Kehrling al que, sin duda, conoce y aprecia – y a Kehrling lo conozco yo mismo muy bien (nuestro amigo está muy aficionado al tenis). He aquí la cadena, tan sólo se necesitaron dos eslabones de los cinco, lo que es natural porque a las personas famosas y populares es más fácil encontrar caminos que a las insignificantes, ya que las primeras tienen un sinfín de conocidos. Háganme el favor de elegir una tarea más difícil.

De la tarea más difícil, un trabajador de la fábrica de Ford, me encargué yo mismo y lo resolví con cuatro eslabones. El trabajador conoce al encargado del taller, el encargado del taller conoce al mismo Ford, Ford está en buenos términos con el director ejecutivo de la Hearst Corporation, a quien Árpád Pásztor conoció de fondo el año pasado y a Árpád Pásztor no sólo lo conozco sino, que yo sepa, es muy buen amigo mío – si se lo pido, telegrafia al director-ejecutivo para que éste avise a Ford, para que Ford avise al encargado del taller de que el trabajador me monte un coche con urgencia que resulta que justo necesito uno.

Así siguió el juego y nuestro amigo acabó tendiendo razón – en ningún caso se necesitaron más de cinco eslabones para que cualquiera que estábamos allí conectáramos con cualquier habitante de la Tierra sólo mediante conocidos personales. Ahora bien, pregunto entonces, ¿ha habido alguna vez época en la historia en que esto fuese posible? Julio César fue un hombre muy grande pero si se le hubiese ocurrido obtener enchufe, en unas horas o días, a un sacerdote maya o azteca de la América de entonces – no lo hubiese conseguido ni con trescientos eslabones, ya que de los posibles o imposibles habitantes de América supieron entonces menos de lo que nosotros sabemos de Marte y sus habitantes.

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Tres décadas más tarde, en 1967, el profesor de Harvard Stanley Milgram redescubrió los seis grados en una investigación empírica llamado Experimento del Mundo Pequeño cuyo objetivo fue encontrar la «distancia» entre dos personas cualquiera en los Estados Unidos. Si bien encontró que el número medio de intermediarios era de seis, no fue él quien acuñó el término «seis grados de separación». Fue el dramaturgo estadounidense John Guare que lo hizo con su obra de 1990 titulado Seis Grados de Separación del que en 1993 se hizo una película con el mismo título.

El experimento de Milgram se limitó a Estados Unidos. En la obra de Guare los seis grados ya se aplican a todo el mundo. Como hay más gente que ve películas que la que lee textos de sociología, fue la versión de Guare que se popularizó. Así nació el mito. Un mito que cada vez resulta menos misterioso: Barabási, sin ir más lejos, en la página 40 de su libro mencionado, afirma que el fenómeno del mundo pequeño es un atributo estructural de todo tipo de redes.

Comprender la globalización a través de las ciudades

La  leemos y escuchamos a diario en los medios, sabemos que nos afecta, que está estrechamente relacionada con la crisis económica (vaya, otra palabrita que necesita más de una mirada detenida) pero ¿hasta qué punto comprendemos el significado de lo que llamamos globalización?

En su libro Una sociología de la globalización (en parte disponible en Google Books), la socióloga Saskia Sassen argumenta que, para estudiar la globalización, hacen falta nuevos marcos conceptuales y uno de ellos lo constituye la ciudad global. La ciudad global es un terreno donde los procesos de globalización se materializan y se localizan. Se diferencian de las antiguas capitales de imperios en que no existen como entidad por sí misma, sino por su conexión con otras ciudades. En el libro, la autora recuerda las cinco hipótesis para explicar la importancia de las ciudades en los procesos económicos globales que ya expuso en un libro anterior The global city: New York, London, Tokio (enteramente disponible en Google Books):

#1 La dispersión geográfica de las actividades económicas de las empresas alimenta el crecimiento de las funciones centrales, los niveles altos de gestión. Es decir, cuanto más dispersos son las operaciones, más complejas y estratégicas las funciones centrales.

#2 Estas funciones centrales se vuelven tan complejas que las empresas empiezan a tercerizarlas a empresas de servicios.

#3 Las empresas de servicios se benefician de las economías de aglomeración que ofrecen las ciudades como centro de información gracias a la combinación de empresas, talento y experiencia.

#4 Cuanto más tercerizan las empresas su funciones más complejas, más libertad tienen por optar por cualquier ubicación ya que los trabajos que siguen realizando en la sede central ya no requieren de las economías de aglomeración.

#5 Las empresas de servicios necesitan ofrecer un servicio global, de modo que acaban por formar una red internacional de filiales que, a su vez, fortalece las redes y las transacciones entre ciudades. El proceso se alimenta a sí mismo.

En el libro, de 2007, Sassen afirma que hay unas 40 ciudades globales. Desde entonces, en 2008, Foreign Policy, basado en parte en la producción teórica de Sassen, elaboró una lista de 60 ciudades globales que aquí reproduzco desde la web de A.T. Kearney (después de leer su Legal Disclaimer, entiendo que puedo hacerlo).

Global City Index 2008 Summary Table

Para el ranking han utilizado 24 métricas según cinco dimensiones sobre las cuales tenéis más información en la web de la consultora. Madrid, por ejemplo, está en la posición 14 pero, si sólo miramos la dimensión del intercambio de la información (medida mediante las publicaciones internacionales, la cobertura de noticias internacionales y la penetración de banda ancha, entre otros), es la novena. La lista también reafirma a Sassen en que el fenómeno de las ciudades globales «quiebra en parte la antigua división entre Norte y Sur en tanto construye una geografía de la centralidad que incluye importantes ciudades del Sur aunque su ubicación en la jerarquía global sea modesta».

Para terminar, me habría gustado dejar aquí una foto más personal de Saskia Sassen en el salón de su casa con su esposo Richard Sennett (al enfrentarme a textos de este calibre, me ayuda conocer un poco el lado personal del/a autor/a…)  pero en este caso entiendo que no puedo hacerlo, así que os dejo con el enlace al artículo del The New York Times.

Buzz, Sidewiki e identidad virtual

En la asignatura Metodologías cualitativas de investigación social, que cursé el semestre pasado, experimentamos algunas partes de una investigación cualitativa sobre Internet. Yo elegí como escenario el entorno Sidewiki de Google y en ese entorno probé dos métodos de la investigación cualitativa: la observación participante y la entrevista.

Durante la primera sesión de observación participante, lo que más me llamó la atención era el perfil de quien escribe la entrada. Se trata del perfil que la persona tiene en Google y donde tiene la posibilidad de presentarse, dar píldoras de información sobre sí mismo (donde creció, sitios donde ha vivido, en qué trabaja, donde estudia, etc.) e incluir enlaces a sus sitios en la web. Una y otra vez hice clic sobre el avatar para ver los perfiles. Nunca dejé de mirar la recopilación de las entradas Sidewiki que el perfil de Google recoge en orden cronológico lo cual me afirmaba que en Sidewiki la identidad digital tenía un papel destacado. Basándome en las lecturas de Hine y en lo que observé, mi impresión era que la identidad del usuario aumenta o bien reduce la autenticidad de la entrada. Si una entrada Sidewiki estaba respaldada de una identidad virtual “sólida” (perfil de Google con foto y bastante información, enlace a un blog o al sitio web del usuario) automáticamente percibía la entrada como más fiable.

La entrevista me aportó otro dato más al respecto: Sidewiki también parece ser un recurso en la estrategia de construcción de la identidad virtual del usuario. Mi informante me dijo que “tenía en cuenta” que Google registraba sus entradas Sidewiki en su perfil, que “no quería que cualquier cosa se quede en su perfil” ya que trataba de “construir una identidad virtual que tenga que ver con su profesión”. En esta misma línea apunta su observación de que “es interesante cuando sidewiki se superpone a un foro porque en sidewiki en general utilizas tu usuario de google que suele estar asociado a tu verdadera identidad en cambio en los foros generalmente uno usa un usuario anónimo”. Mi propia experiencia es muy similar y me aventuro a afirmar que Sidewiki permite que la confianza en la información, importante cuando se trata de generación de conocimiento, se sustente en parte sobre quién la da.

Ahora, con la llegada de Buzz, Google ha añadido otro recurso más, y qué recurso, para la construcción de la identidad virtual. Si permitimos que Buzz «coleccione» nuestras publicaciones y actividades en otros sitios (sean de Google como Picasa o Reader, sean otros como Twitter o Flickr) tendremos una página de perfil aun más dinámica que ofrecerá un rico cuadro sobre nosotros, lo que hacemos y lo que pensamos. Sidewiki y Buzz se refuerzan y aumentan el valor del otro mutuamente.

Por otro lado… Buzz genera preocupación, a veces paranoia de que «todo el mundo ve todo». Otras veces espanto porque se le ve como otro intento más de «robarnos el tiempo». A este respecto, me gusta mucho la valoración que hace de Buzz Umair Haque según sus «principios del diseño para el significado». Os animo a leerlo, a mí me resultó muy relevante y esclarecedor, especialmente el punto de que Buzz es «egoista» ya que recoge todo de otros sitios sin dar nada a cambio.

Para terminar, una imagen de dougbelshaw.com/blog acerca de lo que significa Buzz para Facebook y Twitter que me hizo gracia…

This is what’s really going on.../ by dougbelshaw